Cultura

Madrid redescubre a William Blake

  • CaixaForum presenta hasta comienzos de octubre una muestra integrada por 74 obras del influyente artista británico.

La obra de William Blake, poeta y artista cuyo arte visionario fue incomprendido durante el Romanticismo, llega a Madrid para mostrarlo como el "profeta" de un nuevo arte que comenzaría a valorarse mucho después de su muerte, hasta convertirlo en una de las figuras más influyentes del arte británico. CaixaForum Madrid ha agrupado 74 obras de Blake (Londres, 1757-1827), entre acuarelas, grabados, dibujos y pinturas al óleo, con una treintena de piezas de artistas posteriores, pertenecientes a los prerrafaelitas y los neorrománticos ingleses, influidos por su obra e inspirados por su rechazo a los poderes establecidos.

Como un "icono contracultural" lo este lunes en la presentación de esta retrospectiva Alison Smith, comisaria de la muestra y conservadora de Arte Británico de la Tate Britain de Londres, institución organizadora de la exposición, la primera centrada en esta figura imprescindible que acoge España desde 1996. Según Smith, William Blake fue un "visionario", un artista que trabajaba "a partir de la imaginación" y que incluso inventó su propio lenguaje visual, pudiendo considerarle el "equivalente de Goya" en la época romántica.

Inconformismo y misticismo son los rasgos definitorios de su obra, a través de la cual interpretaría los grandes acontecimientos políticos y sociales de su época mediante la búsqueda de nuevas técnicas artísticas. De su obra temprana, basada en los mitos del pasado, destaca la acuarela Sueño de una noche de verano, una interpretación de la comedia romántica de William Shakespeare representativa de su pintura historicista.

En los Libros proféticos, sus obras más complejas y originales producidas entre 1788 y 1806, Blake recogió la huella que dejaron en él las revoluciones sociales y guerras del momento. Así, en Visiones de las hijas de Albión, el británico dibujó tres personajes encadenados entre sí, amarrados a las rocas de Inglaterra, prisioneros de un código social moral arbitrario y represivo. Pero es en sus grandes grabados en color donde el artista experimenta nueva técnicas y materiales en temas en los que predominan la Biblia, Shakespeare o su universo mitológico propio, como en La noche del júbilo de Enitharmon.

A pesar de su actitud crítica contra el poder eclesiástico, Blake fue un gran lector de la Biblia que logró sobrevivir económicamente gracias a los encargos de su principal mecenas, un funcionario civil llamado Thomas Butts, que le encargaría cien acuarelas basadas en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Su deseo de recuperar el esplendor y la perfección técnica del arte del Renacimiento lo llevaría hasta la pintura al temple a través de un lenguaje considerado "excéntrico", hasta que a los 61 años el joven artista John Linnell le encargó los dibujos para el Libro de Job, una historia con la que Blake se identificaba personal y profesionalmente.

También a propuesta de Linnell el británico ilustró la Divina Comedia de Dante, una serie de 102 acuarelas inconclusa de las que a su muerte, en 1827, sólo habían sido impresas siete láminas relativas al infierno. Sus Pastorales de Virgilio, unos pequeños dibujos hechos en planchas de madera para imitar el estilo rústico del texto que ilustraba, tuvieron, según la comisaria de la muestra, un "profundo impacto" en el grupo de artistas Los Antiguos, quienes veían en él a un "sabio, un ermitaño que les indicaba el camino a seguir".

Pero su mayor influencia se produjo en el movimiento de los prerrafaelitas y simbolistas, quienes tomaron de Blake el tratamiento del espacio, el color y la dinámica del cuerpo humano así como sus temas: el amor, la muerte o el juicio, y cuyos principales exponentes fueron Watts, Rossetti, John Linnell o Gilchrist. Entre los pintores neorrománticos ingleses en los que la obra de Blake encuentra eco en las primeras décadas del siglo XX se encuentran Cecil Collins, John Piper, Ceri Richards o Graham Sutherland, algunas de cuyas obras integran la muestra que permanecerá en CaixaForum hasta el próximo 21 de octubre.

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