Aniversario Un festejo especial

Mil razones de un torero

  • Francisco Rivera Ordóñez cortó ayer cinco orejas y un rabo en la plaza de toros de Estepona, donde celebró en buena compañía su corrida número mil como matador

De azul y oro. Así es como Francisco Rivera Ordóñez pisó ayer el albero del coso taurino que tuvo como primer gestor a su abuelo, Antonio Ordóñez, y que inauguraron el 4 de junio de 1972 su padre, Paquirri, su tío, Luis Miguel Dominguín y Miguel Mateo Miguelín. El balance de la celebración de la corrida número mil no pudo ser mejor, con cinco orejas y un rabo.

Corrida llena de simbolismo la de ayer en Estepona en la que Rivera se encerró, por una buena causa, con seis toros de las ganaderías de Zalduendo, Manolo González, Ana Romero, Carlos Núñez y La Palomilla. La Asociación Andaluza contra la Fibrosis Quística fue la beneficiaria de la recaudación.

Los coches de alta gama que rodeaban la plaza adelantaban lo que se podría ver dentro. Mucha gomina, muchos trajes de marca, y cómo no, mucho famoseo. Desde Kiko Matamoros y Alonso Caparrós hasta el periodista José María García o la mismísima Duquesa de Alba pasando por María Teresa Campos o Laura Valenzuela, entre otros. Además, no quisieron perderse la corrida número mil del diestro ni su hermano, Cayetano, ni su tío, Antonio Rivera, ni tampoco su hija a la que brindó el último toro diciéndole: "este toro es para ti que es lo que más quiero en mi vida".

A Cayetano le dedicó el tercero que no fue precisamente uno de los mejores de la tarde. Cosa distinta fue el sexto, con el que consiguió poner en pie al respetable que le concedió las dos orejas y el rabo. De la mano de su hija, que llevaba su montera, dio Rivera la vuelta al ruedo tras terminar la faena para hacerlo una vez más a hombros y acompañado por su cuadrilla antes de dejar la plaza definitivamente.

También consiguió trofeo el torero con su primer y segundo toro. Una oreja en el primer caso, y dos en el segundo. Mucho más floja estuvo la cosa con el cuarto toro que se hincó de rodillas varias veces e incluso llegó a clavar las astas en el albero desluciendo los esfuerzos del matador.

Volviendo al simbolismo de esta corrida, cabe señalar que Rivera puso de manera impecable las banderillas del segundo, tercero y sexto toro, marcándose algunos recortes e incluso arrimándose al ritmo de los pasodobles que tocó la banda municipal de música haciendo las delicias del público asistente.

Con los colores patrios en las banderillas, el protagonista rindió homenaje a su padre que también solía hacer las veces de banderillero en sus faenas eligiendo los mismos colores. Pero no sólo los pasodobles protagonizaron la tarde, si no que artistas de la categoría de Diego Carrasco, Fernando de la Morena, Antonio Santiago, Fernando Sot, Moraito Chico y Emilio Caracafé pusieron el toque flamenco a la jornada acompañando los "oles" con los que se coreaban los capotazos del diestro.

Finalmente, tras más de dos horas de saber hacer sobre el albero, Rivera Ordóñez se despidió visiblemente emocionado, dedicando la faena a su familia, a sus amigos "y a los que no están", momento en el que se le quebró la voz al hombre que hay detrás del torero.

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