Cultura

Millás fabula 'Desde las sombras'

  • El autor regresa a la novela para narrar la peripecia de un desempleado solitario que elige quedarse a vivir dentro de un armario

Refugiado por azar en un viejo armario de tres cuerpos en el hogar de un matrimonio, Damián Lobo, "un desempleado confuso y solitario, con pocas habilidades sociales", según su creador, inicia una vida de voyeurismo fantasmal que es el punto de partida de Desde las sombras, el regreso a la novela del valenciano Juan José Millás. Editada por Seix Barral, la obra sigue las peripecias de un joven que ha cometido un pequeño hurto en un centro comercial y, para evitar al vigilante jurado, se oculta en un armario hasta que el mueble es adquirido por una pareja y depositado, con él dentro, en su dormitorio. "Damián encontrará allí a una familia normal, con una hija adolescente, y decide quedarse a vivir con ellos como un espectro porque, paradójicamente, gracias a esa invisibilidad ha encontrado su lugar en el mundo, un espacio que no tenía en su propia familia ni en su trabajo antes de perderlo. Y su obsesión será, pues es experto en todo tipo de reparaciones, ocuparse de las tareas domésticas y del mantenimiento de la vivienda cuando ellos están fuera y puede arriesgarse a salir del armario".

La historia de este peculiar Mayordomo Fantasma permite a Millás, como en otras obras suyas, ofrecer dos niveles de lectura: en el más epidérmico el lector encontrará un libro de fantasía y misterio pero, en la segunda vuelta, la obra trata de las dificultades de los seres humanos para relacionarse con sus semejantes en un contexto dominado por la crisis económica, el machismo, las redes sociales y el periodismo amarillista.

En el texto, el autor indaga en un espacio muy simbólico y metafórico como es el armario y, a través de él, vuelve la vista a su propia infancia. "En el dormitorio de mis padres había un armario con un gran espejo en la puerta del cuerpo central. Era tan amplio, tan orgánico, que, si me asomaba, sólo veía oscuridad. Me parecía que el armario no tenía fondo y que si me ocultaba en él caería en el vacío", recordaba ayer en un encuentro con periodistas. "Por otro lado, cuando yo enfermaba, mis padres me llevaban a dormir a su cama, una costumbre que me encantaba aunque no dejaba de tener un componente surrealista y casi incestuoso. Aquella cama tenía un tamaño oceánico comparada con la mía, y en ella me pasaba muchas horas solo, jugando con mi imagen en el espejo del armario que estaba enfrente. Y me imaginaba que allí había otro niño, febril como yo, y que nos mirábamos".

Todas esas imágenes, aparentemente irreales, sostienen su nuevo artefacto literario, resultado de muchos años de fabulaciones nocturnas, de ideas flotantes descartadas en el duermevela... y escanciadas ya en uno de los primeros cuentos que escribió "sobre alguien que descubre que todos los armarios del mundo se comunican entre sí por pasadizos secretos". Finalmente, hace dos años, "superé la indisciplina y me puse a escribir esta novela inquietante que tantos años llevaba dentro de mí".

Desde las sombras es, así, uno de los trabajos más personales y poéticos del autor de El mundo (2007, premio Planeta). Millás, que no aparenta sus recién cumplidos 70 años, emplea aquí un eficaz recurso narrativo: en lugar del clásico monólogo interior, Damián Lobo le habla a un periodista de televisión imaginario en un plató donde escucha -y hasta controla- las reacciones de un auditorio que tampoco existe. Esa fórmula le permite al escritor disparar sus dardos a una realidad que desprecia o le disgusta, "donde la fama es un valor en sí mismo aunque nada la respalde", pero también celebrar a figuras reales que, como el periodista Iñaki Gabilondo, le parecen ejemplares en un panorama dominado por la sordidez. "Las novelas de tesis por lo general son malas pero todas las buenas novelas tienen una tesis y espero que la mía la tenga. Quería llamar la atención sobre el hecho de que, en el mundo actual, para encontrar tu lugar tienes que reducirte a la invisibilidad. Cada momento histórico es difícil pero éste lo es especialmente porque se ha aceptado que no hay alternativa. Todo es agua salada, nuestras sociedades son cada vez más sumisas y resignadas. Hay movimientos en la superficie que dan una satisfacción inmediata, como el volcar nuestro odio sobre los Papeles de Panamá, pero no hay un mar de fondo".

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