Exposición en el Museo Carmen Thyssen Los pequeños mundos de Mariano Fortuny

  • El Museo Carmen Thyssen reúne en una exposición algunos de los más importantes grabados realizados por el artista catalán entre 1860 y 1870, a modo de complemento de la muestra dedicada al Orientalismo

'Fortuny grabador', la exposición que puede verse en la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen hasta el 2 de febrero.

'Fortuny grabador', la exposición que puede verse en la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen hasta el 2 de febrero. / Javier Albiñana (Málaga)

Su condición de líder visible de la pintura romántica en España durante el siglo XIX ha ocultado a menudo en Mariano Fortuny (Reus, 1838 - Roma, 1874) su aportación decisiva a la técnica del grabado. En parte, tal consideración responde a la evidencia de que el artista acudió al registro gráfico a partir de 1860 de forma más bien esporádica, y a menudo como ejercicio previo a la pintura; aunque, en lo que se refiere a Fortuny, lo esporádico adquiere a menudo matices asombrosamente concienzudos y ambiciosos. Charles Davillier, biógrafo y amigo del catalán, dio cuenta de la manera en que los periodos que Fortuny consagraba a sus estampas podían ser, ciertamente, dispersos, pero al mismo tiempo fructíferos hasta la obsesión, con una atención puesta en los detalles mínimos que se traducía en horas y más horas de dedicación. En realidad, para Fortuny el grabado fue un campo de experimentación, y sus aportaciones a esta disciplina no fueron menos que las que llegaron de la mano de otros genios con mayor reconocimiento al respecto como Goya y Ribera. Ahora, el Museo Carmen Thyssen reivindica la faceta de grabador de Fortuny con una exposición pequeña pero jugosa en su Sala Noble, Fortuny grabador, que reúne algunas de las piezas más importantes de cuantas realizó el artista entre 1860 y 1870, su década más fértil al respecto. 

Tres grabados reunidos en la muestra. Tres grabados reunidos en la muestra.

Tres grabados reunidos en la muestra. / Javier Albiñana (Málaga)

Fortuny no contó una larga vida, pero sí respiró lo suficiente para viajar a raudales y dar constancia artística de todas sus exploraciones. Este pulso queda recogido con fidelidad en la exposición, que podrá verse hasta el 2 de febrero con grabados prestados por el más importante coleccionista de obra gráfica de Fortuny, el escritor, comisario de exposiciones y ex subdirector del Museo Reina Sofía de Madrid Enrique Juncosa. Cabe recordar que Fortuny es igualmente la primera referencia del Orientalismo en España, así que, en gran medida, esta nueva muestra sirve de complemento ideal a la exposición temporal que acoge actualmente el Museo Carmen ThyssenFantasía árabe. Pintura orientalista en España (1860-1900), un proyecto que tiene su raíz en un cuadro de Fortuny, Paisaje marroquí (1862). El artista catalán fue enviado a Marruecos como corresponsal de guerra, coyuntura que aprovechó para convertirse en un viajero romántico por derecho, lo que le abrió las puertas al orientalismo. En estos grabados hay notables muestras de esta querencia, como el estremecedor Árabe velando el cadáver de su amigo (1866); pero, además del orientalismo, la muestra abarca otras tendencias como el costumbrismo y muy especialmente el clasicismo, con recreaciones de paisajes y monumentos de la Antigüedad. Otros ejemplos como  Idilio (1865) y El anacoreta(1869) dan cuenta así de los muchos mundos que visitó, recreó e imaginó Fortuny, presentados ahora así, como pequeños testimonios de una belleza colosal. 

Fortuny asumió el grabado como un campo de experimentación con resultados asombrosos en cuanto a precisión

Fortuny grabador contiene además elementos de gran valor como dos pruebas de trabajo de Árabe a caballo, una de las primeras estampas realizadas por Fortuny, en 1861; dos biografías del artista escritas en los años inmediatos a su fallecimiento por el citado Charles Davillier (1875) y José Yxart (1881), en 1875 y 1881; una prueba de artista de Maestro de ceremonias (c. 1870), entintada de manera singular, ya que Fortuny extendió el pigmento frotando con el mango del pincel; algunos dibujos preparatorios y dos pequeños cuadernos de apuntes que el artista utilizó para tomar rápidas notas de motivos de su interés, reales o imaginados. El resultado es una aproximación harto ilustrativa a las inquietudes, gustos, procedimientos, anhelos y proyectos de un artista decisivo para entender la pintura del siglo XIX en España. Con la precisión de un entomólogo enamorado de la historia.   

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