Cultura

Museos: la otra Pasión

  • Las pinacotecas de la ciudad amplían sus horarios y refuerzan sus actividades como alternativa razonable a las procesiones en Semana Santa

De arriba a abajo: 'Mineros escriben una carta al creador de la Gran Constitución' (1937), de Vasili Yákovlev, en el Ruso; 'Mediterráneo. Una Arcadia reinventada' en el Museo Carmen Thyssen; esculturas de Stephan Balkenhol en el CAC (a la izquierda); 'Y Fellini soñó con Picasso' en el Museo Picasso. De arriba a abajo: 'Mineros escriben una carta al creador de la Gran Constitución' (1937), de Vasili Yákovlev, en el Ruso; 'Mediterráneo. Una Arcadia reinventada' en el Museo Carmen Thyssen; esculturas de Stephan Balkenhol en el CAC (a la izquierda); 'Y Fellini soñó con Picasso' en el Museo Picasso.

De arriba a abajo: 'Mineros escriben una carta al creador de la Gran Constitución' (1937), de Vasili Yákovlev, en el Ruso; 'Mediterráneo. Una Arcadia reinventada' en el Museo Carmen Thyssen; esculturas de Stephan Balkenhol en el CAC (a la izquierda); 'Y Fellini soñó con Picasso' en el Museo Picasso. / fotografías: efe / Málaga hoy

Con horarios ampliados (y, de paso, la adopción de los plazos estivales para la apertura al público) y un refuerzo nada desdeñable de sus exposiciones y actividades en los últimos días, los museos de Málaga proponen una alternativa bien razonable a las procesiones en la Semana Santa para propios y extraños. Al cabo, la Pasión es también una cuestión turística y ahí los museos tienen mucho que decir. Más allá de sus colecciones (en diversos grados de permanencia), las exposiciones temporales de las primeras pinacotecas de la ciudad componen un prisma nada desdeñable, también, para los usuarios nativos que disponen de más tiempo para descubrir en persona aquello de lo que tanto se habla a nivel artístico en Málaga.

Seguramente una de las highlights más recomendables tiene forma de colección anual: Radiante porvenir. El arte del realismo socialista se inauguró el 10 de febrero en el Museo Ruso pero conviene volver a ella por la ocasión única que entraña a la hora de viajar a los límites entre arte y propaganda, con la Unión Soviética como gran laboratorio experimental. Seguramente, quienes busquen un menú con eso que llaman artistas famosos se llevará un chasco; pero, a cambio, podrá aprender cómo vivieron y trabajaron pintores como Alexander Deineka y Alexander Samojválov bajo la estrecha vigilancia del gobierno de Stalin (y completar la experiencia con la muestra temporal La mirada viajera. Artistas rusos alrededor del mundo y la dedicada a Mikhail Schwartzman). Mucho más reciente (tuvo su inauguración el pasado miércoles) es Mediterráneo. Una Arcadia reinventada, la nueva temporal del Museo Carmen Thyssen que patrocina la Fundación Unicaja: una aproximación a la influencia del mundo clásico en el arte francés y español entre los siglos XIX y XX como contrapeso de las vanguardias, con obras de Picasso, Matisse, Maillol, Signac, Braque, Torres-García y Sorolla, entre otros. En la orilla contraria (con ocasión consiguiente para el más afilado contrapunto), el Centro Pompidou también puso de largo esta semana Brancusi, su revisión del cosmos creativo y estético del artista rumano que ejerció una gran influencia en el París de las vanguardias (con la admiración confesa de Marcel Duchamp y Man Ray), a través, principalmente, de su archivo fotográfico y fílmico con algunas esculturas. Claro que si la cosa va de genios lo suyo es acercarse al Museo Picasso a ver Y Fellini soñó con Picasso, una exposición multidisciplinar que revisa las confluencias de ambos creadores con ambición onírica. Y quedará rato para ver las esculturas de Stephan Balkenhol en el CAC. O El deseo atrapado de la Casa Natal. Para empezar.

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