Arte

Narración y experiencia

  • El malagueño Carlos Miranda expone en la galería granadina Sandunga la sexta entrega de la serie 'The Estate of Anonymous', una mirada carnívora al espectador

Con esta Tinta de Furacão, Carlos Miranda sigue ofreciéndonos nuevas posibilidades y estribaciones de la singular estrategia meta-artística que viene desarrollando desde 1999, cuando crea los heterónimos de Anonymus y Polaroid Star y comienza a mostrarnos, en sucesivas entregas cual exposiciones, las relaciones que se establecen entre éstos y el artista malagueño. Estos ficticios personajes, pensador y una suerte de ideólogo el primero mientras que la segunda hará las veces de traductora de éste y de cuyos textos se nutre Miranda para trasladar ese corpus literario a la plástica, componen junto al propio Miranda una terna que sustenta un proyecto en el que se reflexiona sobre distintos aspectos fundamentales de la propia Institución-Arte y del mero hecho artístico. Esta cadena de personajes y sus relaciones a través de la estricta interpretación y manifestación artística, literaria en el caso de Polaroid y plástica en el de Miranda, de materiales ajenos o nacidos-en-otros no deja de ser una indagación sobre asuntos trascendentales como la autoría, lo proyectual y la ejecución como estadios distintos y no obligatoriamente compartidos por un mismo hacedor, los trasvases y apropiaciones entre la palabra y lo visual, así como la elaboración de interpretaciones y la concesión de sentido a las estructuras artísticas.

En esta sexta entrega de The Estate of Anonymus, Miranda insiste en ese último eslabón del proceso artístico que es el espectador. Éste, ya sea el espectador o este mismo crítico, no deja de ser un epígono que reproduce las relaciones previas que se dan en el origen, materialización y difusión del hecho artístico tal como metafóricamente lo describe Miranda con sus personajes; esto es, el espectador trata de interpretar la obra de Miranda tanto como éste ha intentado hacer con los textos y grabaciones de Polaroid Star, los cuales no dejan de ser un ejercicio de traducción de los dispersos pensamientos que Anonymus ofrece mediante distintas vías y materiales. De ahí que esa cadena se constituya como especular, paródica o metafórica, ya que algunos de esos personajes prefiguran acciones análogas que con posterioridad el espectador o el crítico realizarán: una sucesión de interpretaciones, explicaciones e interrogaciones con las que se viene a finalizar el proceso. O tal vez no, ya que el espectador devuelve al ámbito de las ideas la traducción plástica de Miranda -cuyo origen aunque tamizado interpretativamente por Polaroid eran las ideas de Anonymus-, mientras que esta crítica, en esencia una interpretación que posibilita otras interpretaciones por usted lector, devuelve la obra de Miranda a lo escrito y lo teórico, el ámbito de acción de Polaroid Star.

Miranda, aun siendo habituales en exposiciones anteriores y, en cierto modo, medulares de su proyecto, se centra ahora especialmente en los conceptos de narración y experiencia. El artista ha optado por una instalación cercana al ambiente en la que la galería se ha convertido literalmente en un comic repleto de viñetas en blanco que envuelve, que fagocita espacialmente, al espectador. El vacío de significación que suponen todas esas viñetas sólo se rompe por otras que contienen imágenes y que se sitúan salpicadas a lo largo de las paredes, aparentemente inconexas merced a esos grandes intersticios y elipsis temporales, así como sin los característicos bocadillos que redundan en la narración secuencial del cómic. Esas pocas viñetas que se recortan, que se significan sobre las otras mudas, son testigos de una supuesta narración que hemos de intentar averiguar tanto como construir. Anhelante de este tipo de conflictos y dificultades para con el espectador, Miranda llega incluso a invertir los fondos fotográficos que componen esas contadas viñetas sobre las que se recorta una serie de dibujos (espacios y personajes dibujados sobre vistas y paisajes fotográficos), en un ejemplo más de la síntesis de disciplinas que viene proponiendo el artista. Una estructura pro-narrativa como es la de la historieta en la que el lector se convierte en un verdadero sujeto pasivo que acepta la secuenciación/narración propuesta, queda subvertida en esta sexta entrega. Aquí, el lector/espectador debe suplir los déficits narrativos que propone Carlos Miranda. Si en el cómic el grado de experiencia proviene de una narración derivada, es decir, por mediación de otro, en esta Tinta de Furacão la experiencia crece exponencialmente y somos nosotros quienes trazamos los posibles argumentos narrativos. Surge aquí una suerte de regla o axioma: a mayor grado de narración impuesto menor implicación y menor experiencia; a menor grado de narración, o mayor dificultad en la misma, mayor implicación y experiencia.

'Tinta de Furacão. The Estate of Anonymus (VI traducción)'. Galería Sandunga Profesor Sainz Cantero, 13, Granada. Hasta el 19 de junio.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios