Cultura

Noel Coward requería más brillo

La obra Easy Virtue, en la que esta película se inspira, le valió en 1926 la celebridad al comediógrafo, actor, compositor y cantante Noel Coward (1899-1973), cuya biografía es más brillante que la más brillante de sus comedias. Tras trabajar como actor desde los 10 años, los éxitos (y escándalos) sucesivos de The Vortex, Fallen Angels y Easy Virtue entre 1924 y 1926 convirtieron a Coward -frecuentemente haciendo pareja con Gertrude Lawrence- en uno de los reyes del West End y Broadway. Su presencia en el cine como actor duró hasta 1969 (Un trabajo en Italia de Collinson, en la que interpretaba al divertido y elegante cerebro del golpe que vivía rodeado de lujos en la cárcel). Su presencia en el cine como autor durará tanto como haya quien se interese por el ligero, inteligente, cínico y divertido universo de sus comedias de alta sociedad o por la intensidad de sus melodramas. David Lean basó su película más divertida, Un espíritu burlón, en una de las primeras; y su película más tierna, La vida manda, y una de sus obras mayores, Breve encuentro, en dos de las segundas.

Easy Virtue tuvo la suerte de ser filmada por Hitchcock en 1928, aunque el realizador no quedó contento -¿cómo adaptar sus afilados duelos verbales en la era del cine mudo?- y otras adaptaciones de Lubitsch y Lean de obras de Coward quedaron como las de referencia.

80 años más tarde Stephan Elliott vuelve a intentarlo pero, pese a la excelente producción y reparto, tampoco hace justicia al original. Coward hubiera hecho estupendos chistes, Martini en mano, sobre lo disgousting que resulta que un australiano, además autor de Priscilla reina del desierto, se adentre en las telas de araña de sus juegos de sociedad. Y eso que el hombre le pone buena voluntad; que Kristin Scott Thomas compone una maravillosa y estirada madre inglesa en pie de guerra contra la novia americana de su hijo; y que John Beard y Charlotte Walter hacen uno de los mejores trabajos de diseño y vestuario vistos en mucho tiempo. El resultado es amable, bello y entretenido. Pero un poco insípido.

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