música

Pentagramas a hombros de gigantes

  • La Insostenible Big Band y la OFM celebran estos días en el Cervantes el centenario de Leonard Bernstein

Leonard Bernstein (1918 - 1990), en plena dirección orquestal, en una icónica imagen de juventud. Leonard Bernstein (1918 - 1990), en plena dirección orquestal, en una icónica imagen de juventud.

Leonard Bernstein (1918 - 1990), en plena dirección orquestal, en una icónica imagen de juventud. / m. h.

Para dejar claro de qué iba su oficio, Leonard Bernstein (Lawrence, Massachusetts, 1918 - Nueva York, 1990) dijo una vez: "Cuando subo a la tarima a dirigir a Beethoven, yo soy Beethoven". Frente al apogeo del que presumió Europa respecto al arte de la dirección orquestal durante el siglo XX, merced a referentes indiscutibles como Toscanini, Von Karajan y Celidibache, Bernstein fue el primer estadounidense que ingresó por méritos propios y en igualdad de condiciones en el Olimpo de las batutas más insignes. Si buena parte del ambiente musical europeo miraba con desdén a las jóvenes orquestas formadas al otro lado del Atlántico, por mucho que hubiesen contado entre sus directores a Mahler o a Tchaikovski, Bernstein significó una bofetada delatora que demostraba hasta qué punto aquel ambiente musical era prácticamente un cadáver agónico y bien pagado de sí mismo: era en América donde la música clásica tenía garantizado un futuro mucho más dinámico y optimista, bajo la premisa (tal y como Picasso había dejado bien claro en el mundo del arte) de que clásico significa a menudo lo contrario de clasicista. Bernstein marcó a fuego la historia de la música en su tiempo a tenor de dos coyunturas: por una parte, su doble condición de director y compositor le llevó a transformar la labor del primero en orden netamente creativo, bajo la misma inspiración que el segundo; por otra, su enorme labor divulgativa, cristalizada en sus conciertos para jóvenes transmitidos por televisión, con los que llegó a convocar a un público entusiasta a favor de la gran música entre sectores habitualmente expulsados de la misma, aportó una enorme cantidad de combustible al vehículo que habría de conducir a la música sinfónica en buen estado de salud hasta el siglo XXI. Sin salir siquiera de Beethoven, basta recordar la integral que dirigió y grabó con cuatro orquestas (y con Claudio Arrau al piano) en 1976 a beneficio de Amnistía Internacional y los presos de conciencia en todo el mundo: el de Bonn volvía a sonar a nuevo para oídos frescos y, además, cargado de intenciones. Al igual que Isaac Newton, Bernstein se había subido a hombros de gigantes con sus pentagramas en ristre para atisbar mejor el horizonte. Y dio en el clavo.

Como compositor, Bernstein será siempre el hombre que firmó la partitura de West Side story, el musical estrenado en Broadway en 1957 con libreto de Arthur Laurents y letras de Stephen Sondheim que, bajo la inspiración brindada por Shakespeare en Romeo y Julieta, contribuyó de manera inestimable a colocar Nueva York en el imaginario cultural y popular de todo el planeta. Por mucho que Bernstein compusiera también Un día en Nueva York y Candide (la opereta en la que adaptó el Cándido de Voltaire), el nombre del compositor y director irá siempre asociado a West Side story, y de hecho buena parte de las celebraciones de su centenario que están teniendo lugar este año por doquier se atienen a este título como principal reclamo (véase la nueva producción escénica estrenada la semana pasada en Madrid). Y ya puestos, Málaga no iba a ser menos: esta misma semana, Leonard Bernstein es el gran protagonista de la programación del Teatro Cervantes de la mano de La Insostenible Big Band y la Orquesta Filarmónica de Málaga. Y en ambos casos, claro, con West Side story como argumento vertebral.

En primer lugar, la Insostenible Big Band, referente necesario e imprescindible del menester jazzístico a este lado de la frontera, interpretará hoy a las 20:00 la West Side story jazz suite, lectura de la obra de Bernstein que incluye, atención, los arreglos originales del trombonista Callum Au de temas emblemáticos como Tonight, Maria, Something's coming y America. Y mañana y el viernes, a la misma hora y en el mismo escenario, la Orquesta Filarmónica de Málaga interpretará bajo la dirección de Manuel Hernández Silva una selección de fragmentos de la obra a la manera de danzas sinfónicas, junto a otras piezas (en estratégica contextualización) de Copland, Estévez y Moreno Buendía. Pocas veces ha sido la música clásica un patrimonio de todos como en las manos ágiles y firmes de Leonard Bernstein.

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