Cultura

"Sigo pensando en qué historias puedo escribir"

  • El autor de 'Fariña', que recibió en Cádiz el premio Agustín Merello por su "riguroso" trabajo sobre el narcotráfico gallego, publica 'En el corredor de la muerte' en torno al caso de Pablo Ibar

Nacho Carretero tras recibir el premio que concede la Asociación de la Prensa de Cádiz. Nacho Carretero tras recibir el premio que concede la Asociación de la Prensa de Cádiz.

Nacho Carretero tras recibir el premio que concede la Asociación de la Prensa de Cádiz. / reportaje gráfico: jesús marín

-dice que ha tenido muchas más amenazas con el fútbol que con los narcos.

-Se lo aseguro. La principal fue, además, por un artículo de broma, una especie de Guía de la Liga de coña, que escribí para JotDown. Con los narcos, tan tranquilo. Bien mirado, mientras la gente se ofenda por eso y no por otras cosas, lo mismo es un buen catalizador.

-Hay un antes y después claro en su vida, que asegura que no esperaba, y es la publicación (y viralización) de Fariña.

-Mi vida sigue siendo la misma ahora: sigo ganándome la vida escribiendo, que es lo que hacía también antes. Cuando algo tiene una repercusión tan grande, es inevitable que te cambien algunas cosas. Te ves dando entrevistas, en vez de haciéndolas. Pero yo sigo pensando en qué historias puedo escribir, porque además creo que es lo que hay que hacer: como pienses que has conseguido algo, te van a adelantar por la derecha y por la izquierda, y te van a comer.

-¿Cómo lleva el cambio de roles?

-No me termino de sentir cómodo. A mí lo que me gusta es investigar, contar historias, preguntar, curiosear. Entiendo que ahora es lo que me toca, que forma parte de esos cambios inevitables que van con el éxito. Vaya, en general estoy muy contento con todos los reconocimientos, ¿eh? No voy a quejarme.

-Incluso en Fariña, que no tiene estructura de ficción, se nota que lo que le enganchó del tema son las historias. El libro está salpicado de Cunqueiro, o de Manolo Rivas. O de anécdotas que recuerdan a los hermanos Coen, que para contar también son potentes.

-Está muy manida la frase esta de "a mí lo que me gusta es contar historias", ¡pero es que es verdad! Lo mejor es cuando detectas una historia periodística pero que a la vez tiene todos los elementos de una buena narración. Dar al material de reportaje, a los personajes, un espíritu literario permite que el lector se sorprenda, que le salte la alerta irremediablemente, atraído por historias así. A veces, esas historias están muy lejos, en sitios espectaculares. Otras, están en el barrio, en tu casa, en tu ciudad... y son igual de valiosas para verlas y contarlas.

-Fariña ha sido hecha serie. Ante una adaptación, los autores reaccionan de dos formas: o se implican dolorosamente; o cogen el dinero y corren.

-Me sorprendí gratamente con el nivel de implicación de la productora gallega de la serie. Estábamos en la misma línea, congeniamos desde el principio. Desde el primer minuto, estábamos de acuerdo en lo que queríamos que fuera la serie. Luego, ves el resultado, y ves tantísima calidad, con piezas tan conseguidas... Han logrado plasmar por completo el clima, la forma de hablar, la estética, los códigos. No es que esté satisfecho, es que estoy más que orgulloso de que se asocie mi nombre a algo tan bueno y tan logrado.

-El lado oscuro de todo este capítulo fue, por supuesto, la orden judicial de secuestro del libro.

-No era algo que hubiera pensado que podía suceder. O que podía sucederme a mí. Ni siquiera tenía claro, de hecho, que se pudieran secuestrar libros en España... Cuando comenzó todo, ni la editorial ni yo nos tomamos el asunto muy en serio porque veíamos la ejecución como algo improbable. Estaba en el trabajo, en la redacción de El País, cuando me enteré de todo. Me pasé un rato dándole vueltas y me dije: "Lo mismo es interesante contarlo, no sé..." Y fui a mis jefes y les comenté el asunto. A partir de ahí... Recuerdo que tenía que hacer un reportaje para ese fin de semana que saqué de milagro, cosa que me honra. Llamé a Pablo Ordaz y le dije: "Voy a apagar el móvil porque no puedo más". Me superó la situación por completo. Cuando se hizo efectivo el secuestro, ahí ya, siempre lo digo, Fariña salió de mí y se convirtió en un fenómeno que no controlábamos ni la editorial, ni yo. Símbolo contra la censura, herramienta política... se convirtió en muchas cosas. Después ya me llegó la fase de enfado, cuando asumí que esa orden también ponía en duda mi trabajo periodístico, un trabajo periodístico sin más, ¿por qué estaba prohibido?

-Debió costar aparentar calma.

-Lo hablamos y concluimos que lo mejor que podíamos hacer era callarnos. Máxime cuando los otros iban por ahí, de plató en plató. Nosotros no teníamos ni ganas.

-Dentro del escenario de narcocultura del que habla en Fariña, ¿por qué cree que el fenómeno escaló tan brutalmente en los 80? ¿Por qué allí? A nivel socioeconómico y geográfico, tiene muchos elementos en común con el sur.

-Hay muchos elementos comunes, en efecto. Quizá la orografía gallega sea una explicación y, desde luego, la introducción posterior de los carteles. En su época, Galicia era una zona con graves problemas económicos y que también había sufrido un grave aislamiento por parte del Estado. Los narcos hacían de líderes de la comunidad. Al fin y al cabo, la práctica era conocida: de gasolina, se empezó a trapichear con el tabaco y luego, con la cocaína. A todo ello, añade una importante cantidad de pasividad institucional y corrupción policial.

-¿Qué paralelismos y diferencias encuentra entre Galicia y Campo de Gibraltar?

-En esencia, es el mismo fenómeno. Cuando hablan de sanear... es difícil de combatir una estructura con un alcance semejante cuando tienes un 60% de paro juvenil o barrios enteros abandonados. Que no es una salida válida, que a la larga destruye el tejido socioeconómico de un lugar... esas frases están muy bien, pero estamos hablando de un mal de años. Si realmente quieren solucionar el alcance del narcotráfico, los políticos deberían resucitar esas zonas en coma. Aunque aquí también hay movimiento vecinal y de asociaciones, también te digo que se ha llegado a un extremo de violencia asumida en algunas zonas del Estrecho que en Galicia nunca se vio.

-Uno de los detalles que más llama la atención es ese encuentro entre Carmen Avendaño y Manuel Fraga, donde ella piensa que, a cierto nivel, los políticos no eran conscientes.

-Sí que lo eran, lo que no estaban era interesados en frenarlo, porque se trataba de una actividad con un gran respaldo social. Ir contra el narcotráfico era ir en contra de sus votantes, atacar el contrabando suponía perder votos, así que preferían no meterse en "líos"... Los contrabandistas sabían bien que podían hacer lo que quisieran. Hay que reconocer que todo empezó a cambiar por las madres: el cambio social en el pueblo gallego lo propiciaron ellas. A partir de ahí, se dio una reacción por parte del Estado.

-Acaba de publicar en El corredor de la muerte, sobre el caso Pablo Ibar, un libro que engancha muchísimo.

-Es que la historia es muy buena: está llena de giros rocambolescos, que parecen de un guión de ficción. Yo también era escéptico cuando me encargaron el reportaje. La historia es tan potente, de hecho, que por eso quería que el lenguaje fuera lo más desnudo posible; también, con la intención de no entrar en valoraciones: poner los hechos y que el lector saque sus conclusiones... odio cuando noto que me llevan por un terreno determinado.

-Con Pablo Ibar sólo ha hablado en dos ocasiones, pero después han mantenido una relación epistolar.

-Generas un vínculo muy fuerte: a los abogados que defienden estos casos les pasa muchas veces igual... Además, tanto su mujer, Tanya, como toda su familia política, son excepcionales, con unos valores y una bondad brutales. Por no hablar de su padre, Cándido, que ha dedicado su vida a ayudar a su hijo.

-El juicio se está repitiendo precisamente ahora.

-Curiosamente, ahora el día a día de Pablo, que está recluido en una prisión común, es peor que en el corredor de la muerte porque no tiene contacto con su familia. Todos aguardan con mucha cautela: hay cosas que pueden parecer flagrantes y a la vez, decisivas, como lo que le costó demostrar un juicio claro de indefensión, o conseguir algo tan básico como un experto en reconocimiento facial... No puedo imaginar la presión que tiene que sentir en estos momentos.

-Ha trabajado como periodista en muchos palos: dentro y fuera del país, freelance... Debe doler especialmente ver crónicas que hacen lo que pueden sobre un terreno que después analiza, desde casa, un especialista. Y es sólo un ejemplo.

-Uno de los principales lastres que arrastra actualmente el periodismo es que es caro de producir, mientras que la opinión no lo es. Y el periodismo de enviados especiales o de corresponsalía es lo más caro que existe. Uno no puede hacer análisis concienzudos tras cuatro días en un sitio: es como asomarse al balcón al llegar a una ciudad y decir que puedes hablar de ella; si te pagan una mierda, llega un momento en el que tampoco te vas a partir el pecho... Poco a poco, sin embargo, creo que estamos siendo conscientes de lo que supone la limitación económica. Ha habido una glamurización del reportero que sube en redes fotos de un conflicto o de lo que sea... Bien, no es eso. Eso no es periodismo. Quien se acerca a una foto, a una noticia o un personaje, quiere que le cuentes bien qué pasa: cuéntamelo bien, tío. Si no, no estás haciendo buen periodismo. Con el auge de las redes sociales se pecó un poco de eso, y ahora parece que somos más conscientes al respecto y de que, desde luego, no se puede ir a los sitios por dos duros. Corrijo: no puedes ir a los sitios por dos duros. No aceptes ir adonde sea tirando los precios, en malísimas condiciones, porque estás despreciando lo que haces y reventándonos el mercado a los demás.

-En fin, precarización, saturación, descrédito, transformación sectorial... Díganos algo bueno del gremio. Por favor.

-Los periodistas somos muy críticos con nosotros mismos, y la época en la que nos ha tocado vivir no es fácil para la profesión. Tuvimos que reinventarnos con una crisis económica y otra, de identidad: pasamos de un monopolio a intentar buscarnos la vida por otros sitios, que encima los medios creyeron que eran su competencia... En vez de decir: en esta tormenta de bulos, clickbaits e informaciones que no son válidas, yo tengo el peso, entramos al trapo y fuimos dando el trabajo gratis. Puedes recurrir a y usar las redes, pero ellas no son enemigo ni competencia. Son tu herramienta. Úsalas, no te pongas a su nivel. En el periodismo que se hace en España, hay trabajos increíbles, historias buenísimas en el periodismo local, que a mí me fascina porque de él surgen historias fabulosas. Tenemos que ponernos en valor en vez de estar quejándonos todo el día. Nos pasamos de quejicas y de pesimistas.

-Habló quien pudo, podrá decir alguno.

-Jajaja. Sí, pon también eso: este periodista es muy consciente de que es un privilegiado. Lo que me faltaba es enfadar a la gente.

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