Cultura

Síntesis de una vida "más feliz que amarga"

  • Jacobo Cortines publica 'Pasión y paisaje. Poesía reunida (1978-2016)', con un inédito y un revelador epílogo

"Hoy he estado en la imprenta, Gráficas del Sur, para la publicación de Primera entrega (...) La vi ayer por primera vez y no dejó de ser una mezcla de emoción y temor. El libro va saliendo, va despegándose de mí", escribía en su diario, en junio de 1978, el poeta Jacobo Cortines. Porque Cortines se sabía ya poeta, para siempre, con una determinación similar o igual a la fe. Por eso precisamente escogió ese título para su primer libro, esos "asépticos términos del mundo de la edición" a la que él llegó de modo relativamente tardío -con 32 años y encarrilada ya su vida en la docencia universitaria-; pero que contenían implícita una declaración: "la entrega de una vida a la poesía".

A partir de entonces seguiría cultivando sus otras dos pasiones totales, la pintura a la que se aficionó viendo a su padre entre lienzos y pinceles, componiendo bodegones en la vieja residencia familiar de Lebrija, y la música que no pudo estudiar en el conservadorio en su momento, aunque luego se desquitaría a solas en su casa, horas y horas con el piano hasta ser capaz de tocar aceptablemente sus obras predilectas de Bach, Chopin o Schubert. Pero finalmente se decantó por la escritura, por la poesía muy en especial, aunque también llegarían con los años numerosos artículos eruditos sobre ópera o arte, además de ensayos sobre otros escritores y traducciones (con Petrarca como cima y obsesión particular). "La única manera de salvarme", acabó reconociendo, "es transformarlo todo en literatura".

Desde ese primer libro hasta ahora han pasado casi 40 años y varios libros, no muchos porque Cortines, quizá por saber que la poesía se hace "pensando" y no sólo escribiendo, nunca fue prolífico. En recompensa por esa concepción paciente y serena de su vocación, hoy "no hay un solo poema" del que se arrepienta. Todos ellos los están en Pasión y paisaje. Poesía reunida (1978-2016), un volumen que publica la Fundación Lara en su colección Vandalia, que el propio Cortines dirige. "Me acerco ya a una edad, y me pareció que era el momento", dijo hace unos días el poeta (Lebrija, 1946) en la presentación del libro en Madrid, en un acto en el que estuvo acompañado por el editor Ignacio F. Garmendia y por uno de sus más íntimos y viejos amigos, Andrés Trapiello.

"Yo nunca había leído toda mi poesía seguida, y al hacerlo me pareció que es coherente, que no es una acumulación de historias inconexas, sino que de algún modo conforman una historia única y superior: una autobiografía moral y sentimental", confesó Cortines, "un poeta de dicción muy clásica, sencilla y concreta, porque lo que escribe entra directamente por los ojos; sus poemas se ven tanto como se leen, y se oyen tanto como se leen", como definió Trapiello a su cómplice en la vida y en la poesía. Del poeta sevillano, "un hombre que vive conforme a su poesía, y en ese sentido es muy juanramoniano", el escritor leonés siempre admiró "la serenidad del campo atravesada sin embargo por una punzada de drama íntimo" que vibra en sus poemas. En un paisaje, junto a un árbol, en un atardecer con olor a jazmines, o ante la aparición de un pavo real, de repente brota una "sensación de pérdida, de angustia existencial, o de dolor".

"Soy muy contemplativo, siempre trato de llegar al interior", reconoció Cortines, que en el prólogo explica que muchos de sus poemas en los que el paisaje funciona como motivo central los concibió como "apuntes del natural, como los del pintor que planta en el sitio su caballete", con la idea de "captar el instante, como en los haikus japoneses", pero también para "penetrar en lo que tenía ante los ojos". "Leídos ahora, me doy cuenta de que esos paisajes estaban más dentro que fuera de mí mismo", concluye el escritor, que al estar centrado en todo momento en la "indagación en lo más cercano" que ha tenido, con especial inclinación por "el amor y el paso del tiempo", nunca se dejó guiar por "cantos de sirena".

"Siempre he tenido muy claro el tipo de poema que me gustaba, y ese es el que intentaba escribir", dijo Cortines, un autor que prefiere hablar de sus compañeros de generación -Sánchez Rosillo, Juaristi, Aberlardo Linares o el propio Trapiello- o directamente de Virgilio. "Emoción, belleza, verdad y exigencia": entre esos cuatro vértices quiso construir su obra un poeta que ayer recordaba, entre risas, cómo acabó tachando páginas enteras de su ejemplar de Los Nueve novísimos porque aquello "no se podía aguantar". "Siempre he ido un poco a contracorriente, y además en Sevilla. Eso quizá no me ha dado todos los lectores que habría deseado, pero por otro lado estos han acabado llegando", admitió Cortines, que en la obra incluye Pasión y paisaje (el título definitivo que adoptó aquella Primera entrega cuando se reeditó con unos pocos poemas más), Carta de junio y otros poemas, Consolaciones y Nombre entre nombres, junto con un breve poemario inédito, Días y trabajos, y una reveladora adenda que bajo el título de Huellas de una creación acopia fragmentos de sus diarios, un acceso íntimo y elocuente a la cocina de unos poemas que durante mucho tiempo representaron para él "un tormento" misteriosamente inevitable pero que la postre le dieron a su vida, "más feliz que amarga", una forma "de paz y claridad".

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