Tribuna de opinión | Festival de Almagro Sí, se puede

  • Impresiones del cineasta y productor Carlos Taillefer desde el Festival de Teatro de Almagro para una cultura segura

El Corral de Comedias de Almagro, en la 43 edición del Festival de Teatro del municipio. El Corral de Comedias de Almagro, en la 43 edición del Festival de Teatro del municipio.

El Corral de Comedias de Almagro, en la 43 edición del Festival de Teatro del municipio. / Efe

EL cuadragésimo tercero Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro se está celebrando en estos días. Fue fundado en 1978, como tantas cosas en nuestro país. En 1986 se presenta por primera vez la recién creada Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), dirigida por Adolfo Marsillach. Almagro se convierte en el mes de julio de cada año en un foro de encuentro e intercambio teatral. El Festival intenta en algo menos de un mes, hacer un recorrido por las manifestaciones de teatro clásico más significativas de la temporada.

Mi relación con el Festival fue puntual en los años ochenta, inquietud cultural en los inicios. Pero a finales de los noventa fuimos con mi hija Laura con apenas 5 ó 6 años a ver juntos un entremés de Cervantes en el Corral de Comedias; y recién finalizado el mismo dijo: “Quiero más”. Le parecieron cortos los cuarenta minutos de la función. Así que sin mucha opción entonces con la programación, optamos por repetir la misma función un par de horas más tarde.

Desde ese momento ir cada año al Festival de Almagro se ha convertido en una costumbre familiar. Almagro es Todo Teatro en el mes de julio; recuerdo en tiempos de vacas gordas, que las hubo, en la década de los dos mil, como además de los espacios habituales de representación, la calle se llenaba de teatros de calle, grupos de marionetas, saltimbanquis, acróbatas, zancudos, payasos. Era un disfrute continuo. Grupos nacionales e internacionales de enorme prestigio.

Eso sí, decidir cada año ir a Almagro es un auto de fe. Hay que entrar en situación. Y dejarse llevar por todo lo que ocurre en la ciudad. El calor es algo intrínseco. Habitualmente 38 grados y muchos días por encima de los 40. Pero nada de esto importa si uno quiere llenarse del placer que produce formar parte de este fenómeno. Recuerdo hace años un The Fairy Queen de Lindsay Kemp, memorable, en el pequeño y coqueto Teatro Municipal. U otro año de un espectáculo de Teatro de Calle de una compañía italiana en la que más de diez zancudos invadieron la plaza central de Almagro con un espectáculo soberbio de luz, sonido y fuegos artificiales. Podría contar muchas experiencias vividas, pero ahora toca hablar a modo de crónica, lo pasado en un año afectado por esta espantosa pandemia.

Para empezar, Almagro ha demostrado que sí, se puede.

Que si hay voluntad y amor a la cultura, se puede: ellos han sido los primeros en hacer representaciones teatrales con obras grandes, importantes y con público después de los meses de confinamiento, no solo lo han superado, si no que además el éxito ha sido enorme. Hacer las cosas bien cuesta un poquito más que no hacerlas bien, y Almagro hace las cosas bien, yo diría que muy bien. Además de todo el protocolo estricto de higiene donde se incluía una persona que espectador a espectador echaba muy delicadamente gotas de hidroalcohol en las manos nuestras, recuerdo que alguien en la cola decía: “El Festival de Almagro está organizado por personas que cuidan lo que hacen”. Y así es.

Tirant lo Blanc

Tirante el Blanco, a partir del clásico Joanot Martorell, con adaptación de Paula Llorens y dirección de Eva Zapico. El gran clásico valenciano y universal del siglo XV, la primera novela moderna según muchos estudiosos, da pie a un montaje que “dialoga con el presente y apuesta por la palabra y el teatro físico”.Había algo exótico para mí antes de empezar y que consistía en que íbamos a disfrutar de una obra hablada en valenciano con sobretítulos en castellano, en ese idioma fue escrita originalmente Tirant. Para mí la riqueza de los idiomas en nuestro territorio es algo que suma y nunca resta. Recuerdo quizás uno de los conciertos más elegantes que oí en mi vida, que fue a Paco Ibáñez junto a un poeta gallego, vasco, catalán y castellano. Recitaba cada uno en su idioma original y a continuación Paco Ibáñez los versionaba con su guitarra en directo. Qué belleza.

Otro elemento exótico era la co-producción entre el Institut Valencià de Cultura y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El resultado ha sido extraordinario. Un grupo de actores excelentes que mezclan el texto original con secuencias muy cinematográficas donde describen la acción de Tirant por otros mundos, donde se mezclan las “heridas de guerra” y las “heridas de amor”. Con una música y espacio sonoro realizada en directo por Kike Gasu, sorprendente y oportuno. En Tirant hay danza, acrobacia, zancos y una puesta en escena y movimiento escénico de excelencia absoluta. Enhorabuena a todo el reparto. Y todo esto entre mascarillas e hidroalcohol y las ganas que teníamos de volver al Teatro. Todo nos hizo muy felices.

La primera vez que oí hablar de Tirant, si no recuerdo mal, fue hace muchos años en el Teatro Romano de Málaga donde se representó con María Asquerino y la compañía de Francisco Nieva

En el año 2006 se estrenó una superproducción producida por Enrique Viciano, rodada en inglés y dirigida por Vicente Aranda titulada Tirante el Blanco con música de Pepe Nieto, fotografía de José Luis Alcaine y espléndido vestuario de la mejor presidenta que hemos tenido en la Academia de Cine, la inglesa de origen “pero más española que Agustina de Aragón”, como le gustaba decir a ella: Yvonne Blake. Versión singular y curiosa de Vicente Aranda sobre el personaje de Tirant, coproducción internacional insólita en nuestra cinematografía.

En otro reino extraño 

Con texto de Lope de Vega y representación de actores y actrices de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. Siempre es refrescante ver a la JCNTC, la junior de la Clásica. En esta obra se habla sobre qué es el amor con palabras de Lope de Vega en una especie de Arcadia aislada de la Ciudad buscando un paralelismo con la actualidad durante el confinamiento, encerrados en nuestras propias casas. “Arcadia como lugar a salvo del dolor y del riesgo gracias a lo aséptico, a lo controlado y a la ausencia del contrato verdadero con la vida” (hoja de sala on line, no en papel).

Hay que recordar que el Festival de Almagro fue el comienzo de muchos actores, actrices, directores y autores malagueños a finales de los setenta y años ochenta. Miguel Gallego, el director malagueño, me comentaba hace muy poco “los bellos recuerdos del Festival de Almagro”.

De doblones y amores

Forma parte de una trilogía de las teatralizadas por el Corral de Comedias de Almagro. Es un divertimento al estilo de los entremeses del Siglo de Oro donde los actores recrean los avatares y la picaresca de los cómicos de la época. Con actores, actrices y producción de Almagro.

Cuarenta y tres años de Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro crean poso en la ciudad. Cuando hablaba al principio de esta crónica del entremés visto con mi hija hace muchos años, razón por la cual se ha convertido en una cita anual familiar, las producciones y los repartos venían de fuera de la ciudad. Hoy en día, Almagro es una cantera de ciudadanos que se aproximan al teatro en sus distintos oficios debido al hábito directo y a su conexión con el teatro. Había una pareja joven en la fila delante de la mía y le decía ella a él: yo vengo aquí para apoyar la cultura de mi pueblo. Y es que compartir cualquier función en el Corral de Comedias es volver en el tiempo varios siglos atrás.

Si se tiene voluntad de querer: sí, se puede.

¡Viva el Teatro!

¡Viva Almagro!

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