Sergio Vila-Sanjuán | Escritor y periodista “Rosalía señala un buen camino para una cultura integradora en Cataluña”

  • El Premio Nadal y coordinador del suplemento ‘Cultura|s’ de ‘La Vanguardia’ participó este miércoles en los Encuentros con Autores en las Bibliotecas Municipales con su último libro, ‘Otra Cataluña’

Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), durante la entrevista. Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), durante la entrevista.

Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), durante la entrevista. / Javier Albiñana (Málaga)

Divulgador incansable y artífice de la cultura en todos los frentes, Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es, entre otras cosas, responsable del suplemento cultural del diario La Vanguardia, el canónico Cultura|s. Pero también es un escritor ampliamente reconocido, con galardones como el Premio Nadal concedido en 2013 a su novela Estaba en el aire. Este miércoles participó en el ciclo de Encuentros con Autores de las Bibliotecas Municipales de Málaga con la presentación en la Biblioteca Manuel Altolaguirre, en Cruz de Humilladero, de su último libro, Otra Cataluña, revisión a modo de reivindicación de la cultura catalana expresada en lengua castellana desde Juan Boscán hasta el presente. Antes, atendió a Málaga Hoy.

-¿Quizá un libro como Otra Cataluña no ha sido necesario hasta ahora, dado que la cultura catalana expresada en castellano ha sido suficientemente visible mientras que la que se vertido en catalán sí ha necesitado una mayor proyección y divulgación?

-Tienes razón en eso que dices, dado que la historia es pendular. El franquismo practicó una represión sin fisuras contra la cultura en catalán que comenzó a cambiar ya en los años 60. Con la democracia se dio un gran consenso político y social respecto al esfuerzo que había que hacer para normalizar el catalán. Pero ya entonces algunos sectores nacionalistas consideraban que la normalización es la consideración del catalán como lengua general de toda Cataluña, en la medida en que siempre ha sido la lengua mayoritaria y hegemónica. Y esto es lo que discuto, sencillamente porque no es así. Los nacionalistas sostienen que antes de la Guerra Civil en Cataluña se hablaba catalán de forma mayoritaria, y que lo que hizo Franco fue imponer el castellano. Pero la verdad es que antes de Franco se hablaba castellano en Cataluña con total normalidad.

-Exactamente, ¿cómo cambió el paisaje tras la Transición?

-Desde la Transición, en estos cuarenta años, el nacionalismo ha creado unas estructuras culturales que parten de la base de que la cultura catalana es la que se expresa en catalán; y respecto a la otra, bueno, mejor no entrar mucho. En un primer momento el nacionalismo decide no discutir sobre ello, sencillamente lo aparca; es más adelante cuando sostiene que no se puede considerar como cultura catalana la expresada en castellano. Al hacer esto, claro, se le da la espalda a una tradición que comienza con Juan Boscán y que continúa con Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, los Goytisolo... De modo que sí, es ahora cuando convenía contar esta historia, porque el catalán se ha recuperado y respecto al castellano están sucediendo cosas muy graves.

-Si la cultura catalana expresada en castellano no figurase hoy entre las luminarias de la cultura española, ¿habría sido mejor aceptada por el catalanismo?

-Sí, es posible. La cultura española tiene en la cultura catalana algunas cimas importantes. Especialmente el sector editorial, sin el que la cultura española habría sido muy distinta. Hay figuras como Jaime Balmes, que fue el ensayista más divulgado en el siglo XIX en España, gracias sobre todo a su libro El criterio, que estaba en todas las casas españolas de la época, por no hablar del grupo de Barral en la posguerra y de escritores posteriores como Eduardo Mendoza. Pero al catalanismo siempre le ha costado ubicar esto. El nacionalismo considera que la cultura en castellano es una agresión.

-¿Han faltado más autores bilingües en Cataluña?

-Bueno, en Cataluña hay y ha habido muchos autores bilingües, empezando por Josep Pla. Fíjate, es el escritor catalán más reivindicado hoy día. En los últimos meses he recibido hasta cuatro reediciones de sus obras. Y su actualidad tiene sentido, es un escritor muy irónico, muy singular, que nos sigue diciendo cosas. Pues bien, Pla escribió dos tercios de su obra en catalán y un tercio en castellano, aunque tenía la determinación de ser un escritor en catalán y de hecho intervino para que su obra en castellano se tradujera al catalán. Llorenç Villalonga también es un ejemplo claro de escritor bilingüe, como lo son hoy Carme Riera y Valentí Puig. Hay además toda una tradición de figuras puente: Josep Maria Castellet es el gran crítico del grupo de Barral pero también es un crítico muy importante de la literatura en catalán.

-Con respecto a Pla, ¿tal vez su éxito actual se debe a la soltura con la que reinventó los géneros, a la manera contemporánea?

-Sí, Pla echó mano de la autoficción en libros que ni eran novela ni eran ensayos, y en los que él está y no está. Escribió también libros de viajes. Como autor estaba además entre la prensa y el mundo del libro, era muy versátil. Y, claro, no comulgaba con ruedas de molino: cuando fue la Unión Soviética no se creyó ni uno solo de los encantos de la Revolución.

-De ahí su fama de conservador, ya primeriza.

-Pudo ser conservador, pero no reaccionario. Fue un hombre muy inquieto, con mucha curiosidad. Siempre iba a ver dónde estaban las cosas. Pero, aunque ponía mucho interés en las cosas, lo hacía con una cierta mirada de descreimiento. En eso adelantó cosas en las que trabajan autores actuales.

"En la cultura catalana el relativismo es lo más habitual. Lo raro que se dogmatice demasiado"

-¿Está la Otra Cataluña en situación de riesgo real?

-No, al contrario, vive un proceso de internacionalización. La sombra del viento de Carlos Zafón es la novela más difundida después del Quijote. El problema tiene más que ver con la imagen que los catalanes queremos darnos de nosotros mismos. Llevamos cuatro años de máxima turbulencia porque vivimos en una comunidad que no acaba de definirse a sí misma en términos aceptables para todos. Esto hay que reformularlo, primero, desde la cultura. Y habría que dar pasos a nivel estatal, partiendo de la base de que el 40% del territorio nacional es bilingüe.

-¿Qué sellos propios identificaría en la cultura catalana expresada en castellano?

-Primero, su vinculación al mundo editorial. Casi todas las figuras literarias destacadas están unidas al mundo editorial o a la prensa, ya desde la generación romántica del XIX. Y también destacaría la construcción de Barcelona como gran mito y territorio literario, a lo que contribuyen Barral y Mendoza entre otros muchos, que impulsaron una imagen de la ciudad casi como creación literaria que acabó reconociendo la Unesco. Por cierto, que esta vocación de convertir una ciudad en mito literario es lo que hace Antonio Soler con Málaga en su última novela, Sur.

-El gran referente de Soler es de hecho Juan Marsé.

-Sí, que también contribuyó mucho a ese imaginario barcelonés. Es que Barcelona es el vértice al que van a parir las tradiciones literarias de las dos lenguas, porque en el fondo las dos tocan los mismos temas. Si coges a escritores tan diversos como Marsé, a Mercè Rodoreda, a Mendoza y a Jaume Cabré, encuentras muchos espacios y ambientes comunes.

-¿Y el futuro?

-Hay que encontrar mecanismos de integración de la cultura en castellano y la cultura en catalán como expresiones de la misma cultura catalana, porque aquí se encuentra su fortaleza. Un ejemplo claro de esto es Rosalía, una cantante que viene de un pueblo del interior más catalanista, que se ha formado en el Taller de Músics de Barcelona y que asume el repertorio flamenco a su manera dándole un tuneado de nueva generación. Rosalía es cultura catalana, sin duda, y ya ha llegado muy lejos. Es un orgullo. Posiblemente representa el camino que habría que seguir para integrar la cultura catalana.

-¿El dinamismo catalán se debe a la rapidez a la hora de acometer la apropiación cultural?

-En la cultura catalana hay un relativismo favorable a la innovación. Es raro que la cultura catalana dogmatice demasiado. Lo habitual es lo contrario, el relativismo, como en Pla y en Mendoza.

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