Arqueología

Málaga: historia de la escritura

  • El arqueólogo Juan Manuel Muñoz Gambero reúne en el libro 'El origen de la escritura. La magia de los símbolos', editado por la Fundación Unicaja, todas  sus investigaciones relacionadas con estelas, inscripciones y grabados del Neolítico en la provincia 

Excavación en el yacimiento fenicio del Cerro del Villar. Excavación en el yacimiento fenicio del Cerro del Villar.

Excavación en el yacimiento fenicio del Cerro del Villar. / Fundación Málaga

Si toda historia tiene un comienzo, la de Juan Manuel Muñoz Gambero echó a andar hace ahora sesenta años en un lugar bien concreto: el Cerro de la Tortuga, la emblemática elevación frente a la residencia militar Castañón de Mena que el mismo arqueólogo bautizó por su semejanza con el entrañable quelonio. A finales de 1959, un Muñoz Gambero que aún no había cumplido los veinte años y que sin embargo ya había participado como ayudante del profesor Martínez Santaolalla en las excavaciones de Cartaya encontró una inscripción en la roca y diversas piezas de cerámica en aquella altura en la que nadie hasta entonces había reparado. El hallazgo fue valorado positivamente por Juan Temboury y la Delegación Provincial de Excavaciones y ya en 1960 comenzó una primera campaña que se desarrolló hasta 1963 y en la que se localizaron testimonios asombrosos de un asentamiento neolítico en la zona. Buena parte de estos testimonios volvieron a ser grabados, a veces con representaciones animales como la de un paquidermo, otras estelas e inscripciones. Y fue entonces cuando Muñoz Gambero tuvo su particular revelación: si hasta entonces cualquier arqueólogo interesado en estudiar los orígenes de la escritura debía trasladarse a los yacimientos neolíticos de Oriente Medio y Asia Menor, por primera vez era posible investigar semejante acontecimiento transversal de la historia de la humanidad a este otro lado del Mediterráneo, en la provincia de Málaga. A partir de entonces, Muñoz Gambero, quien poco después descubrió el yacimiento fenicio del Cerro del Villar en la desembocadura del Guadalhorce, convirtió esta materia de estudio en su particular obsesión. Se sucedieron otros hallazgos de alto calibre en municipios como Benalmádena, Ojén, Casares, Casabermeja, diversos emplazamientos de la Axarquía y la propia Málaga, además de varias localizaciones en la provincia de Granada, que daban cuenta de la incipiente escritura neolítica, de la adopción que hicieron de la misma las primeras comunidades íberas, de la incorporación de la signatura fenicia y de la fusión y mezcla de estas categorías de símbolos (una síntesis que alcanzó una particular cristalización en el Cerro del Villar, donde, además de fenicios e íberos, han aparecido elementos griegos y egipcios). A través de las diversas campañas sucedidas hasta bien entrado el siglo XXI, Muñoz Gambero ha descubierto y analizado material suficiente para narrar una historia de la escritura desde Occidente, casi en paralelo a la que habitualmente pone el foco en la antigua Mesopotamia. Y es justo lo que el veterano arqueólogo malagueño ha hecho en El origen de la escritura. La magia de los símbolos, un volumen monumental que acaba de publicar la Fundación Unicaja y que constituye, ya desde su aparición, un instrumento imprescindible para cualquier investigador en la materia.

El arqueólogo Juan Manuel Muñoz Gambero. El arqueólogo Juan Manuel Muñoz Gambero.

El arqueólogo Juan Manuel Muñoz Gambero. / M. H.

El origen de la escritura sigue la senda de otros libros anteriores de Muñoz Gambero, como El Cerro de la Tortuga. El templo y la necrópolis ibero-púnica de Málaga, que en 2009 reunió los resultados de medio siglo de excavaciones en el enclave; y El testamento oculto, una suerte de novela próxima a la autoficción en la que el autor reconocía en 2011 las inscripciones halladas en el mismo Cerro de la Tortuga como las primeras manifestaciones escritas de la Península Ibérica. Con abundantes ilustraciones y tablas comparativas, la publicación presenta, analiza y pone en contexto numerosos hallazgos relacionados con la escritura a menudo superan los tres mil años de antigüedad; pero su intención no es la de servir de catálogo de piezas arqueológicas, sino la de ofrecer una verdadera historia de la escritura desde un foco distinto al habitual. En la misma extensión de las provincias de Málaga y Granada, la escritura floreció no después, sino en paralelo a Oriente Medio, con manifestaciones propias aunque con conclusiones similares: "Quiero demostrar que en pleno Neolítico fuimos capaces de inventar una forma de comunicación escrita mediante signos o grafemas que conformaron un código y que, tres mil años después, los íberos fueron los auténticos herederos de aquel sistema". Si habitualmente se considera a Asia Menor y a los territorios incluidos en la antigua Mesopotamia como la cuna de la civilización dada la antigüedad de sus primeros testimonios escritos, existen argumentos de peso para considerar que otra cultura prendió en el mismo tiempo y con el mismo alcance en el extremo occidental del Mediterráneo, por lo que tal cuna de la civilización el Oriente no sería exclusiva.

Restos dolménicos con grabados e inscripciones en el Cerro de la Tortuga. Restos dolménicos con grabados e inscripciones en el Cerro de la Tortuga.

Restos dolménicos con grabados e inscripciones en el Cerro de la Tortuga. / J. M. Muñoz Gambero

Advierte Muñoz Gambero que el estudio del origen de la escritura pasa por la investigación de las pinturas rupestres, en la medida en que los primeros signos del lenguaje escrito representan una evolución esquemática de las mismas. Y que es posible, en todo caso, seguir la pista de esa transición sin salir del sur peninsular: "Mi conocimiento del territorio, de los montes, ríos y arroyos, me ha permitido hacer grandes exploraciones y durante estos recorridos he ido localizando muchos restos de dólmenes, pequeños túmulos, enterramientos en cistas, pero fundamentalmente muchas rocas, a las que he llamado estelas, con un buen número de grabados incisos y dibujos que interpreto como antropomorfos y zoomorfos (...) De manera que la investigación está basada en datos reales: aunque mis teorías e hipótesis puedan parecer subjetivas o inverosímiles, están fundamentadas en datos objetivos y veraces".

"Quiero demostrar que en pleno Neolítico fuimos capaces de inventar una forma de comunicación escrita", escribe en su libro Muñoz Gambero

A lo largo de casi seiscientas páginas, Muñoz Gambero describe los alfabetos, sistemas de numeración, símbolos, estelas funerarias, inscripciones relativas a divinidades, grabados, análisis signográficos, láminas y dólmenes, en un inventario titánico y a la vez bien detallado que abarca prácticamente toda la provincia de Málaga y buena parte de la de Granada para la conformación de esta historia alternativa del origen de la escritura. "Mi atrevimiento al publicar este trabajo está en una idea clara y concisa: dar a conocer lo que siempre he creído y considerado, que las incisiones que he llegado a identificar en cientos de rocas pertenecen a una escritura genuinamente inventada en la Península Ibérica, pero no sin reconocer que si el trabajo se hubiera realizado con otro método, quizás bajo otro prisma, seguramente con contenidos y análisis mucho más reflexivos de los que he usado, la investigación sería mucho más concreta y extensa", escribe el arqueólogo en su libro. Recuerda Muñoz Gambero igualmente que la invención de la escritura, en cualquier caso, "fue consustancial con los vertiginosos adelantos socioeconómicos y culturales que se fueron produciendo, en una línea ascendente tan rápida que todos los pasos que dio la humanidad quedan empequeñecidos respecto a la velocidad con la que se produjeron todos y cada uno de los inventos y descubrimientos del Neolítico. Fue un  hecho natural, pero necesario, que la humanidad inventara un sistema de comunicación que sirviera a todas las comunidades". 

Inscripciones neolíticas en una estela hallada en la Axarquía. Inscripciones neolíticas en una estela hallada en la Axarquía.

Inscripciones neolíticas en una estela hallada en la Axarquía. / J. M. Muñoz Gambero

A partir de la génesis de un sistema de escritura en el sur de la Península Ibérica a cargo de las poblaciones del Neolítico, continuada luego por las comunidades íberas, "la llegada de los colonos fenicios y griegos debió tener un impacto especial en las sociedades indígenas, seguramente porque ellos ya tenían la gramática de su escritura organizada y su alfabeto perfectamente estructurado, con lo que debieron contribuir a una lectura nueva y a una reorganización distintas de nuestra escritura, de ahí la similitud de nuestros signos con algunos aspectos de su escritura". La influencia de los colonos griegos y fenicios resultó así determinante en lo que se podría llamar una escritura ibérica, "una nueva forma de escribir que modificaría total o parcialmente nuestra escritura dentro del primer milenio". Semejante confluencia tiene en Málaga su razón y su ecosistema: el orden en el que, a su manera, nació la escritura.

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