Cultura

"Hay autores que tienen vidas muy interesantes como ladrones"

  • El novelista acaba de publicar su último libro 'Escritores delincuentes' (Alfaguara), un trabajo que recopila la vida de aquellos literatos que terminaron en la cárcel

William Borroughs mató de un tiro a su mujer mientras jugaba a hacer de Guillermo Tell; Jean Genet hizo carrera tanto como ladrón como escritor; Chester Himes comenzó a escribir en la cárcel después de haber atracado a mano armada a un par de ancianos... Todos ellos tuvieron algo en común: eran escritores que tuvieron que ver el mundo detrás de los barrotes en algún momento de su vida. Y ése es el argumento del libro Escritores delincuentes, del autor madrileño José Ovejero, recién publicado por la editorial Alfaguara. Y es que, a veces, los escritores no son esos tipos que se pasan la tarde ante un teclado imaginando aventuras ficticias.

"La idea de este libro surgió hace unos años después de escribir un artículo para un periódico sobre este mismo asunto", explica Ovejero. "Me quedé con la curiosidad sobre algunos de esos personajes: utilizaban la literatura para narrar una serie de cosas sobre sus propias vidas".

En total, Ovejero narra las vidas de 18 autores que dieron con sus huesos en la cárcel por delitos comunes. "He excluido a aquellos que fueron encarcelados por motivos políticos o psiquiátricos", señala el escritor.

Pero ¿qué es lo que hace que un delincuente se convierta en escritor? Es la misma pregunta que se hace el propio Ovejero en el libro: "¿Por qué escribe alguien desde prisión, a menudo violando las normas, incluso sin saber si va a ser publicado? ¿Hay razones distintas de las que encontraría cualquier que se dedique a la literatura?". El escritor responde: "Se trata de gente que sabe que va estar allí encerrada durante varios años. Muchos se acerca entonces a la literatura y el arte. Por lo que yo he visto, escribir es una manera de evadirse. Como el cuerpo no puede escapar de la prisión, lo hace la mente a través de la literatura. Lo hacen también para denunciar la situación de las cárceles, que son un sistema totalitario aunque a veces estén inscritas en regímenes democráticos".

Ovejero hace un repaso por las vidas de Neal Cassady,François Villon, Anne Perry, Karl May, Remigio Vega Armentero, Jean Ray, Maurice Sachs, Sir Jeffrey Archer, Carlos Montenegro y un largo etcétera de nombres que a veces tienen biografías realmente curiosas.

Es el caso de Sir Jeffrey Archer, que fue miembro de la Cámara de los Comunes y creó una empresa para estafar a pequeños inversores. Sin embargo, terminó vendiendo best-sellers y siendo nombrado por Margaret Thatcher vicepresidente del Partido Conservador.

Otro ejemplo es el de Anne Perry, que ayudó a una amiga a matar a la madre de esta a ladrillazos. Durante su estancia en la cárcel empezó a escribir.

Aunque, sin duda, el caso más curioso es el de William Burroughs, el gran gurú de la Generación Beat. Homosexual y drogadicto, se casó con Joan Vollmer, adicta también a los medicamentos. Vivieron juntos varios años, a pesar de que Burroughs hacia continuas escapadas para visitar clubes de chicos. Un día, en México, borrachos y drogados y con armas encima, Burroughs le dijo a su mujer: "Va siendo hora para nuestro número de Guillermo Tell", y ella comenzó a agitar un vaso de cristal sobre su propia cabeza. Burroughs disparó y erró el tiro. La mujer murió en el acto. Durante el juicio, el abogado le hizo que cambiase la declaración y dijese que el disparo había sido fortuito. Aprovechó un permiso penitenciario para fugarse.

"Burroughs es uno de los personajes más interesantes como escritor", señala Ovejero. "Pero hay escritores que tienen una biografía muy interesante como delincuentes. Ése es el caso de Maurice Sachs".

Maurice Sachs, un judío que adoraba el lujo y el dinero, se dedicó a hacer trapicheos en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Luego se convertiría en confidente de la Gestapo. Finalmente, fue encarcelado por los nazis. Cuando los aliados estaban entrando en Alemania, decidieron evacuar a los presos. Sachs se negó a caminar. Un soldado le pegó un tiro en la nuca.

"Hay muchos más casos, como los de filósofos o artistas que también pasaron por la cárcel", dice Ovejero, "pero yo me he circunscrito sólo a la literatura porque si no habría sido un trabajo ingente, no habría dado abasto". Y es que las cárceles pueden estar llenas de delincuentes que aprovechan su estancia, a menudo tan larga, para ser genios.

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