Cultura

Todo a cien yuan

El equivalente cinematográfico a los bazares orientales de baratijas que están sustituyendo a los todo a cien ha sido bendecido por una parte considerable de la crítica gracias a su habilidad para disfrazar lo más convencional (desde los pegajosos melodramas a la violencia extrema, pasando por el terror de burdo sobresalto) con sofisticados alardes formales que en unos casos se toman por creatividad autorial y en otros por renovación de las agotadas fórmulas de los géneros tradicionales. El caso es que la industria que disimula serlo para vender mejor sus productos bajo la etiqueta independiente (la moda indie) o que disfraza tanto la relamida cursilería como la bestialidad vacía bajo manierismos estilísticos (una parte considerable del nuevo cine oriental) está colocando en el mercado productos unas veces discretos y otras ni eso con éxito de público y crítica. El final de estas orientales aventuras está -como siempre lo ha estado para el cine comercial más competitivo- en Hollywood, primero a través de la distribución internacional de la producción local, después del remake hecho en Hollywood por realizadores norteamericanos y finalmente de la importación directa de los creadores a la maquinaria americana.

Esta película es un caso de manual de estas estrategias. Los gemelos hongkoneses Pang -responsables de The Eye, rápidamente versionada por Hollywood- dan el último paso al remakearse a ellos mismos filmando una versión hollywoodiense de su primera película, ahora interpretada por esa ruina que algún día fue un correcto actor llamada Nicolas Cage. La estrella necesitaba que dieran nuevos aires a sus caras de sufrimiento estreñido y a sus saltos en cámara lenta con fondo de explosiones, y los hermanos Pang se han encargado del lifting con esta bien filmada (una expresión que pierde sentido conforme la técnica permite que llegue el día en el que un simio pueda filmar bien una película) ópera manierista de tiros, carreras, muertes y retorcidas situaciones provocadas por los trabajos de un asesino a sueldo contratado por un gángster de Bangkok. En la versión primera el asesino era sordomudo para subrayar su aislamiento (Melville no precisó de esta burda convención para retratar al asesino de El silencio de un hombre, eso era cine y no videojuego) aunque la necesidad de que Cage se luciera exigió el milagro de que en esta versión el asesino oyera y hablara. Cosas del chuchurrío star system. Poco más que resaltar en este ruidoso y pretencioso todo a cien yuan.

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