Cultura

Hacia la claridad

goethe. la vida como obra de arte

Rüdiger Safranski. Trad. Raúl Gabás. Tusquets. Barcelona, 2015. 688 páginas. 25 euros

Con esta biografía de Goethe, Safranski cierra una trilogía que es, al tiempo, expresión de una época y memoria de una amistad. A la biografía de Shiller, a su doble retrato de Goethe y Schiller, le sigue pues este volumen donde el autor del Fausto aparece como lo que fue: como una suerte de titán, como un genio versátil y apacible, que se amonedó a sí mismo como pieza de arte. También cabría incluir en esta indagación tanto la biografía que Safranski dedicó a Shopenhauer, como su extraordinario ensayo sobre el Romanticismo, cuyo significativo subtítulo, Una odisea del espíritu alemán, muestra ya la ambición última del autor, así como la perspectiva en la que todos ellos se incardinan.

Una perspectiva, en cualquier caso, que no se agota en el XIX y que Safranski extenderá, con sus respectivos estudios, a dos inteligencias de gran influjo en la filosofía -y la política- del siglo pasado: Nietzsche y Heidegger. Se muestra así la completa arquitectura de una obra -la obra catedralicia, erudita, meticulosa, de Rüdiger Safranski- cuya sillería es aquella Kultur alemana, de ambición metafísica, nacida en el XVIII, que se midió y se opuso a la Civilisation francesa durante dos siglos. De entre aquellas cabezas iniciales, emergidas con el Sturm und Drang, sobresale la inteligencia superior, el genio sereno de Johann Wolfgang Goethe. Pero no tanto por su sentimentalismo inicial (La novia de Corinto, Las penas del joven Werther), sino por la elevada comprensión de la cultura, de su ambición, de su drama, que se desprende del Fausto.

Ese Goethe es el mismo que antes ha viajado a Italia en busca de la cultura clásica, y quien ha escrito unas palabras iniciales a la historiografía de Winckelmann y su visión protestante del mundo antiguo. Ese Goethe es, también, quien finalmente opondrá su luminaria ática al escalofrío abisal de Jean Paul y el pietismo de los hermanos Schlegel. Ese Goethe es el que parece interesar a Safranski. Y ello, tal vez, por su carácter de excepción, por su solemne primacía. No en vano, Safranski es el autor de un penetrante ensayo sobre El mal. Ese mal que, en Goethe, parece vencido por la "serena claridad y la apacible grandeza" que soñó Winckelmann.

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