Cultura

Cuando la danza habla

  • Nieves Rosales inaugura mañana la temporada de la Sala Gades con una pieza de Pablo Bujalance donde pone a prueba los límites del lenguaje

"Uno aprende a escuchar cuando la soledad ha lanzado su primera avanzadilla [...] Estoy bien, doctor. Aquí hay tantas palabras... Escuche". ¿Se puede escuchar la danza? ¿Se puede danzar la palabra? De eso trata, en gran medida, Elías. Ensayo sobre el olvido, la pieza que inaugura mañana a las 21:00 la programación de la Sala Gades. "Todos mis montajes surgen de la palabra y aquí hay mucha poesía. Hace dos años me empecé a interesar por la memoria y el recuerdo -dos temas recurrente en la obra-, compartimentos que a veces cerramos bajo llave y no volvemos a ver", explicó la malagueña Nieves Rosales, encargada de dirigirla e interpretarla con su propia compañía SilencioDanza, durante la presentación de esta producción a caballo entre la danza y el teatro.

La idea de Elías. Ensayo sobre el olvido surgió a golpe de tecla, al otro lado del ordenador. "Nieves me pidió que le enviara por correo algunos textos para conocer mi escritura. Entre todos ellos, había un monólogo para un actor, un actor que además tenía que estar sentado a la hora de interpretarlo. En cuanto lo leyó, me dijo que quería hacer Elías", contó el dramaturgo, escritor y periodista Pablo Bujalance, el artífice del texto que SilencioDanza adapta y lleva los sábados y domingos hasta el 13 de noviembre al escenario de la sala Gades.

La gente se preguntará cómo puede un texto teatral tan poco favorable al baile, con escaso margen para el movimiento, mudar en otro donde la danza es el canal de expresión por antonomasia. Ahí vuelve a entrar en escena la bailarina reconocida con el Premio Lorca 2016. "Ella supo ver que a través del baile es cómo mejor se podía contar esta historia", reconoció Bujalance. El poeta malagueño se encargó de hacer una reescritura, eso sí, con "más esmero", de una obra con un anciano como protagonista.

Elías es un hombre mayor, a veces tierno, otras tantas huraño -en el texto original, incluso, soltaba tacos-, al que la vida le ha cambiado en cuestión de minutos. Su nieto, un niño de ocho años, muere de manera trágica y absurda al caer por uno de los cestos de la noria donde acababa de montar. A raíz del funesto hecho, el anciano cae en depresión al ver como el entorno familiar queda destrozado. Su psiquiatra le recomienda contar su historia en un diario. "Es entonces cuando a Elías, que está perdiendo la vista, se le ocurre grabar su voz en un magnetófono. Él intenta explicar su sufrimiento, comprenderlo, nombrarlo", explicó el autor de la obra. Elías no se podrá tocar, ni ver, pero si escuchar a través de un magnetófono viejo. "He tenido la suerte de contar con la voz -ronca, jonda- de José Luis Ortiz Nuevo, un grande del flamenco", recalcó Rosales, tan unida al flamenco por su trayectoria artística, en referencia a la colaboración del escritor y flamencólogo malagueño.

La profesora en el Conservatorio de Danza de Málaga tampoco de olvidó de nombrar otro "elemento clave" en la obra: "la iluminación". "Él es parte de mi elenco", reconoció pícara. Durante la obra, donde danza contemporánea y flamenco se dan la mano, también se podrá saborear una coreografía diseñada exclusivamente para el espectáculo de Rubén Olmos, Premio Nacional de Danza en 2015. Además, para esta ocasión Rosales, vestida con trajes de José Rojo, contará con música en directo interpretada por Rafael Porras, César Jiménez y Paco Carmona.

"En Elías el proceso ha sido distinto al de mi último espectáculo -Retablo incompleto de la pureza, de Raúl Cortés, del que se despedirá el 19 y 20 de noviembre en la sala Gades-. Es un viaje emocional, con una poética distinta, donde si nos dejamos llevar acabamos llorando", admitió la bailarina minutos después de que Bujalance reconociera que ésta "no es una obra trágica". ¿Se puede danzar la palabra? "Creo que Rosales dice cosas que antes no se habían dicho con la danza. Con este reto abre un camino", subrayó el escritor. Un camino donde la intérprete puede hablar, transmitir, emocionar, sin necesidad de abrir la boca.

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