Cultura

Una década tras la señorita Poulin

  • Se cumplen diez años del estreno en España de 'El fabuloso destino de Amelie Poulin', cinta que ha terminado convirtiéndose en referente narrativo e iconográfico

"Amelie soy yo -decía Jean Pierre Jeunet tratando de explicar el invento, jugando a pequeño absolutista-. A mí me pasó lo de las canicas en el recreo, y lo del pececito... Lo que no termino de entender es por qué el resto del mundo no es así. Cuando llega el cumpleaños de mi mujer, le hago un mapa del tesoro por toda la casa... ".

Como muchas obras, El fabuloso destino de Amelie Poulin -la película de cuyo estreno en España se acaban de cumplir diez años- es una explicación del autor ante el mundo. Una llamada a la comprensión ante lo que el propio Jean Pierre Jeunet debe de considerar tremendas excentricidades. De hecho, él mismo aseguraba que lo primero que le sorprendió del éxito de Amelie en Francia es que una película "buenista" fuera capaz de triunfar en un país en el que "el carburante nacional es el cinismo". Y en un mundo como este, podríamos apuntar, donde tampoco abundan los corazones blancos.

Sin embargo, la encantadora fábula de Montmatre desarrollada por Jeunet y Guilloume Laurent no sólo se convirtió en una de las producciones francesas con mayor recaudación, sino que fagocitó a Audrey Tautou -que sigue siendo Amelie para el gran público una campaña de Chanel, un blockbuster y diez años después-, convirtió al distrito XVIII parisino en uno de los principales ejes turísticos de la ciudad e incluso nos hizo enamorarnos de la música de acordeón. Repito: de la música de acordeón. Insisto: de la música de acordeón -¿quién no se emociona ante la banda sonora compuesta por Yann Tiersen?-. Hasta la estética colorista y escurrida, a lo novia de Popeye, de la protagonista terminó pareciendo encantadora.

Pero quizá el mayor logró de Amelie Poulin haya sido su habilidad para colarse en el discurso narrativo de años posteriores. La recuperación de los guiños de la infancia, la realidad interpretada en clave naïf, el poder de los buenos deseos e incluso las referencias, los colores, o la presencia de una comprensiva voz en off resucitaron de repente cuando estaban a punto de convertirse en carnaza kitsch, digna de mundos viejunos. Amelie está en el aliento y en la factura, por ejemplo de series como Pushing Daisies. E incluso de campañas publicitarias como la de En positivo, de Carrefour.

La hora y media de ternura y buenos sentimientos en la que nos sumerge la señorita Poulin proporciona un suelo en el que es muy fácil resbalar. Es más: en el que el derrape está asegurado. Y, de hecho, como le ocurre a muchos clásicos, El fabuloso destino de Amelie Poulin está a punto de resultar ridículo. A punto de atravesar la infranqueable línea de lo cargante y de forzar el tópico hasta que resulte inverosímil -pasa continuamente: todo un Bogart está a punto de resultar caricaturesco en muchas escenas de Casablanca-. Pero, como ocurre con las tramas y personajes que terminan siendo clásicos -Borgar incluido-, eso no sucede.

La historia de "destino" que era Amelie no surgió con la ambición de ser en un icono aunque lo haya terminado siendo. El mismo Jean Pierre Jeunet creyó que la cinta quedaría olvidada en unos pocos años y, sin embargo, ha sido el tiempo el que ha contribuido a darle cuerpo, a transformarla en referente.

Una vez superado el contratiempo que supuso no contar con Emily Watson como principal protagonista -la primera opción de Jeunet-, Amelie nació con buenos augurios. La ficha de lectura del guión -declaraba tiempo después su director- fue una copia exacta de lo que luego serían las críticas -y las críticas, positivas, serían muchas-. En el pase de prensa que tuvo lugar en el cine Normandie, los ochocientos periodistas presentes aplaudieron al finalizar la cinta, "cosa que no hacen nunca".

En España -donde se estrenó el 19 de octubre-, El fabuloso destino de Amelie Poulin cosechó casi 8 millones de euros en taquilla. Y el rostro de Tautou, y el tiovivo a los pies de Montmatre, y los inquietos gnomos de jardín, y las listas de Me gusta y No me gusta siguen siendo referencias inequívocas. "Corren tiempos difíciles para los soñadores", decía una línea del guión. Tal vez lo que Jean Pierre Jeunet consiguió con esta historia es, precisamente, dar vigencia a lo que alguna vez hemos soñado. Recuperar la capacidad de fascinación que todos tuvimos y que enterramos, alguna vez, en una cajita.

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