Cultura

Sobre las excelencias de un piano clásico

El 2009 se muestra prolífico en conmemoraciones de autores musicales. Más de diez compositores de los que se festejará su natalicio o muerte en los diversos actos que poco a poco se van programando. En este sentido, el Museo Picasso Málaga otorga la primera aportación de la ciudad a la celebración del 200 aniversario de la desaparición de Franz Joseph Haydn, con la propuesta global del pianista Nicholas Angelich en convincente maestría escénica. El estadounidense se ha forjado una reputación musical intachable de la que sobresalen sus premiadas grabaciones de Brahms junto a Renaud y Gautier Capuçon, y lo demostró en igualdad de mérito en su interpretación de los autores del Clasicismo.

Las Variaciones en fa menor, Hob XVII: 6 de Haydn abrieron el recital, junto al discurso claro y definido de Angelich. Tanto la exposición temática como la del conjunto de variaciones brillaron de forma sobresaliente por su precisa realización técnica, un fraseo elegante y natural junto a un tempo cuidado y exacto, inclusive en el encuadre de los adornos (especialmente la tercera de las variaciones). El otro Haydn, el de la Sonata nº 59 en mi bemol mayor, Hob. XVI: 49, fue la única pieza que el pianista no realizó de memoria; algo irrelevante cuando el solista nos acercó de forma fidedigna al carácter más maduro del compositor en el Adagio cantabile. La Sonata en do mayor, K. 330 (300h) de Mozart tampoco quedó atrás y se aproximó a la inteligente búsqueda de sonoridades que Angelich despliega sobre su teclado.

Sin embargo, su aproximación a Bach, aunque resuelta técnicamente con holgura, fue más certera en uno de los dos regalos ofrecidos que en la pieza programada. La realización de la Suite inglesa nº 2 en la menor, BWV 807 resultó excesivamente agobiante de sonido en los tempi de mayor rapidez. El ímpetu mostrado desde el Preludio no mostró la definición que se solicita de la maquinaria compositiva del autor alemán

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