Cultura

Un éxito esperado y afianzado

Los esperábamos. Y llegaron con el previsible éxito que llevan consigo. De aquel disfrute compartido (público e intérpretes), del 31 de mayo de 2007 en el Teatro Cervantes, a la actuación del viernes en el Teatro Cánovas dictan casi dos años. Pero la espera por presenciar un concierto completo con ellos valió la pena. Si por aquel entonces Víctor y Luis del Valle mostraron sus destrezas pianísticas con el tripartito concierto de Poulenc, para esta ocasión primó la programación inteligente de obras cortas, variadas, nuevas y desconocidas.

Presentaron al comienzo a un György Ligeti desconocido. Sus Cinco piezas para piano a cuatro manos entremezclan juventud y años consiguientes que nada tienen que ver con lo más conocido de él, o inclusive, con sus aportaciones al magisterio de Kubrick. Realmente el resultado interpretativo nos siguió hablando de esa permanente comunicación que establecen ambos pianistas, así como su excelente coordinación. Un producto que pasa por un resultado unitario y más que cohesionado que, en definitiva, se atrevió a explorar los numerosos registros de personalidad que esconde la obra.

Una clara invitación al movimiento perpetuo podría ser la definición que personalmente le adjudicaría a Les bruixes de Ignacio Ribas Taléns. Descriptivismo junto a proporciones compositivas escolásticas dan como fruto un doble piano ampliamente percusivo que seduce (o embruja) más allá de la aparente.

Los dos pianos permanecieron en escena para la segunda parte. En esta ocasión, dos compositores más próximos al mundo del cine: Sir Richard Rodney Bennet con su peculiar exploración del lenguaje musical con las Variaciones sobre Lilliburlero; y John Corigliano con un atrevido Chiaroscuro en tres tiempos bien resueltos por los solistas. Entre ellos, una eficiente traducción de las imágenes resultantes en 2x3 de Roberto Sierra, y un cierre extraordinario en calidad de bis con sabor a Summertime.

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