Arte

Esto se hunde. Tranquilos

  • Mäkipää rescata en la exposición de JM muchos de los constructos simbólicos que se han ido creando en relación a la primigenia comunión con la naturaleza

Quizá el título de esta primera exposición de Tea Mäkipää en España se antoja un tanto retórico: sin duda estamos mejor que nuestros hijos. Tampoco es cuestión de ser apocalípticos, máxime si la artista no convierte éste en único registro de las reflexiones que surgen de un poliédrico proyecto que tiene como piedras angulares al medio ambiente, la sostenibilidad del planeta y la quimérica armonía entre todas las especies que lo habitan, o, mejor dicho, nuestro escaso respeto a las demás y al propio medio.

Mäkipää viene desarrollando estos temas desde el inicio de su carrera con una sorprendente variedad de registros (candor, utopía, desazón, humor, ironía, apocalipsis, documentalización), así como una amplitud de disciplinas puestas al servicio del proyecto, desde el dibujo al vídeo o desde el arte público a los nuevos medios digitales y de programación de la imagen en movimiento. En ocasiones, tanta diversidad arroja piezas un tanto desiguales, tal vez por la amplitud de sus intereses siendo, verdaderamente, pocas las irrelevantes frente a otras muchas trascendentes.

Se podría pensar que la problemática a la que atiende Mäkipää, la cual lleva siendo una cuestión capital y de extrema vigencia desde hace un par de décadas cuando el ozono y lo nuclear hicieron encenderse las alarmas, es terreno abonado para imágenes de desastres naturales, ya saben, por desgracia, crudo, fuego, humo y vertidos por doquier.

Sin embargo, la artista parece eludir lo explícito, el puro desastre ecológico, para proponer espacios de reflexión amparados en muchos casos por el poder evocativo, paradójico, sugerente, simbólico y metafórico de sus imágenes, a veces apocalípticas (en JM apenas las encontramos), mientras que otras candorosas y tiernas. Así, encontramos en soportes tan distintos como dibujo, fotografía y vídeo a animales en cautividad que ven imágenes de otros en libertad, niñas cual marchantes que intentan vender a ancianos imágenes de una Naturaleza fabulosa como la mejor de las obras de arte, paraísos jalonados por petroleros corroídos que atienden al paradójico nombre de Edén, así como frisos de un idílico mundo naïf y kitsch en el que se desarrolla una armoniosa convivencia entre especies y medio.

Mäkipää rescata muchos de los constructos simbólicos que se han ido creando a lo largo de la historia en relación a nuestra primigenia, ideal y añorada comunión con la Naturaleza, como La Edad de Oro, el Edén, la Arcadia o el Paraíso; pero también otros mitos tendentes a la destrucción, como el de la Atlántida. Estas coordenadas de añoranza de lo natural, tema consustancial al arte centroeuropeo y nórdico desde el Romanticismo, proviene en buena medida de que somos antropóforos, es decir, el único ser que ha conseguido crear un orden propio (la ciudad o el derecho, por ejemplo) al margen aunque insertado, de nuestro primer orden: la Naturaleza. En esta escisión o separación de la Naturaleza encontró Schiller el germen de algunos de nuestros traumas y males.

Pero no sólo eso, sino que, dentro de las muchas veces pretendida unión arte-vida, Mäkipää propone en cuatro cajas de luz y en cuatro idiomas mayoritarios 10 mandamientos para el siglo XXI, una suerte de decálogo para la sostenibilidad del planeta, en esencia muy desigual (desde no viajar en avión a reciclar pasando por un consumo responsable o por no tener más de dos hijos) pero que la artista, tal como documenta en vídeo, los lleva a la práctica.

Hay aspectos muy imprecisos o cuestionables en su decálogo, pero pienso que con ellos la artista busca desde concienciarnos hasta incentivar el debate. Al hilo de ello, contrapone ese decálogo con una especie de documental grabado en el desarrollista Abu Dhabi como ejemplo de escenario desastroso que lo contraviene (ilustrativa resulta la escena de mujeres tocadas con el hiyab descendiendo por un complejo de nieve artificial en pleno desierto). De aquí surgen cuestiones punzantes, como los límites de acceso a bienes y servicios de esos países emergentes, sobre todo desde nuestros estándares de vida y habiendo sido nosotros los que más hemos hecho -y seguimos haciendo- por agotar las reservas y contaminar: ¿Dónde debemos situar lo sostenible cuando existen distintos mundos y tantas desigualdades?

Por último, y complementando esta ajustada y coherente con su trayectoria muestra en JM, cabe destacar una intervención de arte público que ha desarrollado Mäkipää desde mayo hasta hace unos días en la desembocadura del río Guadalmedina y de cuyo proyecto se expone un dibujo en la galería. Se trata de una casa que amenazaba con zozobrar, Atlantis, cita del relato platoniano de una prodigiosa civilización que se hundió, así como metafórica imagen de nuestro mundo en peligro y, quizá, de nuestra actitud contemplativa.

Tiempo de terral y rebajas, tiempo de consumismo desaforado y aire acondicionado al máximo. Malos tiempos para tener conciencia. Mientras, esto se hunde, como Atlantis. Tranquilos, que apechuguen los que vienen detrás.

Tea Mäkipää. 'Debemos estar mejor que nuestros hijos'. Galería JM. Duquesa de Parcent 12, Málaga. Hasta el 1 de agosto.

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