Cultura

Una inglesa en París

Puede que esta novela no sea tan divertida como A la caza del amor (1945) y Amor en clima frío (1949), los dos estupendos títulos que le dieron la fama y han sido conocidos en España -del mismo modo que La bendición (1951)- gracias a los buenos oficios de Asteroide, pero es un placer reencontrarse con Nancy Mitford. La primogénita del segundo barón de Redesdale fue una autora de genuina estirpe británica que cultivó la amistad de los integrantes de la Brideshead Generation y compartió con ellos el uso de la ironía aplicada a la crítica de costumbres. En dos de las citadas novelas, Mitford aprovechó el filón que le ofrecía su familia, ciertamente extravagante, para satirizar el mundo decadente de la aristocracia a la que pertenecía. Más adelante, al hilo de su propia biografía, enfocó su mirada al otro lado del canal. Nancy conocía bien París y a los franceses, pues se había instalado en la ville lumière al acabar la Segunda Guerra Mundial y residió allí hasta el final de sus días. Ya en La bendición había tratado del contraste entre las sociedades de ambos países, tan distintas. En No se lo digas a Alfred (1960) volvió a la carga.

La narradora, Fanny, vieja conocida de los lectores de Mitford, es la mujer de un profesor de Oxford, Alfred Wincham, a quien designan por sorpresa embajador británico en la ciudad del Sena. Son los tiempos de la guerra fría, y mientras ella se adapta como puede al ajetreo de la sociedad parisina, el nuevo embajador se enfrenta a fricciones diplomáticas entre los dos países aliados, enfrascados en un absurdo pleito por la propiedad de unas islas tan pequeñas e insignificantes que desaparecen del mapa cuando sube la marea. La otra cuestión de actualidad, agravada por la inestabilidad política del Gobierno francés, es la diferente posición a propósito de la creación de un ejército europeo, curiosamente apoyada por los británicos. Hay también la vuelta de la Rusia soviética de un desertor recibido con honores de héroe. Los asuntos de Fanny son no menos inquietantes, empezando por la terca resistencia de la embajadora saliente, que sigue recibiendo atrincherada en sus aposentos y se niega a abandonar la embajada. La señora Wincham debe lidiar con los líos sentimentales de la joven Northey, su sobrina y secretaria, y con las continuas indiscreciones de un cronista deslenguado, pero sobre todo se halla ocupada en encauzar a sus hijos, que han abandonado los estudios para hacerse teddy boys o, peor aún, hippies orientalizantes. Es un humor de señora mayor, como corresponde al personaje, pero tan inteligente y afilado como siempre, que ridiculiza igual las nuevas costumbres de la juventud y los usos refinados de la diplomacia francesa. Reaparecen otros personajes como Grace y su marido Charles-Edouard, protagonistas de La bendición, y asimismo el tío Matthew o la Desbocada, madre de Fanny, que a sus años sigue rompiendo corazones. Un mundo tanto más encantador cuanto que ligeramente anticuado.

Nancy Mitford. Trad. Milena Busquets / Asteroide / Barcelona, 2009 / 312 páginas / 18,95 euros.

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