Cultura

junto al ángel de la sombra

  • Luis Antonio de Villena desarrolla en 'Lúcidos bordes del abismo' una biografía conjunta, de testigo implicado, de los hermanos Panero El título inaugura una nueva línea de la Fundación Lara

Lúcidos bordes del abismo no es un ensayo ni una memoria, y es ambas cosas, y tampoco se limita a narrar desde la barrera unas vivencias, como una biografía convencional, sino que cuenta con la aparición y participación activa, en muchos casos, del autor. Lúcidos bordes del abismo va -apunta Luis Antonio de Villena- más allá de El desencanto e intenta mostrar "cómo la propia vida y el juego de destrucción y malditismo de los hermanos Panero se multiplicó por doscientos" tras el famoso documental de Jaime Chávarri -de hecho, el título descartado para esta biografía conjunta era Teoría de la destrucción-.

"Tanto es así -prosigue- que El desencanto es el arranque del libro en una historia en la que vemos que la tragedia familiar no tiene tanto que ver con la figura del padre como con la de la madre y con la enfermedad".

La película de Chávarri cuestionaba a través del ejemplo de los Panero el modelo de familia franquista: el aparente prohombre sin tacha pero dominante, duro, intolerante, soberbio. En el caso de los Panero, además, alcoholizado. "Era una requisitoria contra el padre, un modelo de familia y validez social que los había hecho infelices a todos", explica De Villena.

Leopoldo Panero padre, poeta oficial del Régimen, parecía ser el causante de todos los males de la familia. Sin embargo, con el tiempo, Leopoldo hijo empieza a ver el peso del carácter de la madre en la historia, todo un personaje por sí misma: "Felicidad Blanc se inventó un mito romántico sobre una supuesta relación (que no existió) con Luis Cernuda -cuenta Luis Antonio de Villena-. Una fantasía que ella necesitaba para refugiarse de la catástrofe y de la soledad que estaba viviendo. Su madre cometió para él un error imperdonable al firmar la autorización para internarle en un psiquiátrico (que Leopoldo siempre llamó manicomio)".

"Felicidad murió sola en San Sebastián, de cáncer -continúa-. Y Leopoldo, que había sido muy duro con ella, se dio cuenta de que realmente Felicidad había sido su gran valedora".

Leopoldo Panero viviría en distintos centros de salud mental durante 30 años y hasta su muerte, el pasado marzo -y en todos ellos, junto a la mesilla de noche, conservaba una foto de Felicidad Blanc cuando era joven-. Unas estancias que no sirvieron para mejorarle, aunque sí para estabilizarle: "Hay que aclarar -apunta Luis Antonio de Villena- que el de Leopoldo Panero no es un proceso de malditismo llevado al extremo, aunque pudo influir, sino de enfermedad llevada al extremo. Como en todos ellos, en realidad, su postura no estaba contra el padre, o contra la madre: era una actitud contra la vida. La máxima destrucción, la destrucción absoluta que escogió Leopoldo es dejar que la vida te mate. Michi Panero, por ejemplo, llegaba a decir que lo que tendrían que hacer los niños nada más nacer es suicidarse".

Los Panero estuvieron siempre en contra de la familia tradicional y, aunque tuvieron distintas parejas, ninguno de ellos tuvo hijos porque, "por supuesto: la vida hay que cercenarla, no hay que continuarla", indica De Villena. Terminaron siendo, realmente, el fin de una raza, como intuía el menor de los hermanos. Los Panero no tuvieron descendencia y carecían de familiares directos. "Esto es así de tal manera que, de hecho, creo que las cenizas de Leopoldo Panero aún están sin retirar", indica el biógrafo.

"Juan Luis siguió apegado a esa pose de señorito antiguo que no le benefició, y terminó siendo un perdedor -desarrolla De Villena-. Por no hablar de Michi, que al final subsistía escribiendo unos histriónicos artículos para la sección de televisión de Diario 16".

El cierre de aquel periódico coincidió, para Michi Panero, con el fallecimiento de la madre y la pérdida de la casa familiar, lo que supuso su absoluto declive: "Fue la nieta de Ortega y Gasset la que le buscó un pequeño apartamento cuando se quedó sin casa. Pero todos ellos tuvieron mujeres protectoras, amigas, a lo largo de su vida: una vez que una mujer le pegó, Michi fue a refugiarse a casa de Charo López, que era gran amiga suya. Y la última compañera de Juan Luis era una médico que, pienso, estaba a su lado para cuidarlo".

Para Luis Antonio de Villena, uno de los principales méritos de los Panero es haber realizado una "historia muy ejemplar de la vida española. Aquí, lo que suele salir en las biografías es una estatua de mármol: lo más inédito de los Panero es haber dicho lo bueno pero sin ocultar el lado de sombras. Ese es el relato humano: mostrar al ángel de la sombra que sobrevuela la estatua de mármol. Ellos contaron todo eso cuando en España los trapos sucios ni se mencionaban".

"También sabían -continúa- cómo era el modelo de las familias intocables del franquismo, cuyos restos siguen llegando hasta ahora y con modelos muy iguales en ambas épocas, sólo que entonces las mujeres tenían que aguantar, porque no podían divorciarse. Su testimonio es ejemplo de una época, el de la España de todo el post-franquismo, con su herencia incorporada. El consuelo de toda esta desolación de los Panero es que, en gran medida, consiguieron hacer creación con ello".

Luis Antonio de Villena afirma que los Panero, "incluido el padre", dejaron una producción poética "notable, aunque en el caso de Leopoldo, por ejemplo, sobra mucha". Escribía con la misma compulsión con que fumaba o bebía Coca-Cola. "Aunque tengo la sospecha de que en los últimos tiempos los poemarios firmados por Leopoldo Panero se publicaban sin editar -indica Luis Antonio de Villena-. Creo que los editores iban a visitarlo, cogían las hojas escritas y los publicaban".

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