Cultura

El otro oficio de contar historias

Festival Terral. Teatro Cervantes. Fecha: 5 de julio. Programa: 'Solo & Cine Opera'. Intérprete: Michael Nyman. Aforo: Algo más de 800 personas (casi lleno).

Si hubo una ocupación artística efímera en el siglo XX, ésa fue la de la interpretación musical para la proyección de imágenes en movimiento. Los sistemas de registro fonográfico, mucho antes del estallido y la crisis de la industria discográfica, e incluso antes de la aparición del cine sonoro, terminaron con lo que parecía un sustento asegurado para cientos de instrumentas europeos y americanos ya en los años 20. No es extraño que Michael Nyman haya dirigido a esta vertiente, toda una creación espontánea al hilo del lenguaje icónico, sus más particulares obsesiones en el proyecto Solo & Cine Opera, que presentó ayer en un Teatro Cervantes casi lleno para la inauguración del Terral; y no tanto porque el mismo compositor ejerza también de cineasta como reivindicación amateur, sino porque su música es de un modo natural, en su estricta tonalidad y en su capacidad inspiradora, de una soberana inclinación programática. La música de Nyman, más allá del problema de la arquitectura, si es que éste existe, acude siempre a contar una historia, por más que juegue a esconder las claves esenciales de la narración para invocar la imaginación del oyente. De modo que sí, Nyman practicó ayer el viejo oficio de tocar el piano en directo (en esencia) para interactuar (nunca acompañar) con imágenes proyectadas en la verdadera sala de cine en que se convirtió el teatro; sólo que, claro, invirtió a su gusto las líneas maestras de la práctica: en lugar de subrayar una historia narrada en imágenes, era él quien la contaba al piano a todos los efectos, mientras que lo que aparecía en pantalla funcionaba como complemento y remate. Solo & Cine Opera es, esencia, cine para ser escuchado, pero sobre todo una experiencia que remite a un arte antiguo perdido, y sin embargo poderoso, capaz de emocionar en el presente.

En su comparecencia, Nyman abordó no obstante diversas maneras de relacionar cine y música. Tocó el piano para la proyección de películas mudas propias como Love train, Slow walkers (especialmente reveladora en la intención sugestiva de la música), Berlin lobbysts, Privado y A history of cinema, para la que recurrió a la celebérrima música compuesta para The piano de Jane Campion. Pero también proyectó películas como Wittness I, igualmente de facturación propia, en la que no tocó al piano para dar paso a la grabación sonora correspondiente, lo que dejó al espectador en la tesitura de una proyección cinematográfica al uso. Y hasta tocó para cintas sonoras en las que precisamente el piano alcanzaba una notable conjunción rítmica y hasta armónica con diálogos trepidantes, como en Morra, que cerró el concierto antes de los bises. Hubo también música sin imágenes, en penumbra, más deudora del silencio. Sin embargo, lo mejor de la cita, con mucho, fue la proyección íntegra de la primera película de Jean Vigo, À propos de Nice, el mediometraje experimental realizado en 1930 junto a Boris Kauffman. Nyman tocó durante toda la proyección del filme para comulgar con su propia forma de hacer cine, a base de archivos, como un homenaje a sus maestros (Kauffman era hermano de su mentor, Dziga Vertov), a los que aplaudió sereno y cómplice. Y ese otro oficio contó su historia. Vivo.

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