Cultura

El paisaje sentido, el color evocado

  • El Museo de Nerja acoge el campo de Evaristo Guerra con 'Homenaje a la luz de Andalucía' como pieza central Cohabitará en septiembre con piezas de pequeño formato

Descubrió el paisaje casi por casualidad. Se enamoró de los almendros en flor cuando los vio de nuevo con los ojos de un joven que regresa de pasar un año en Madrid. A pesar de haberlos tenido siempre tan cerca no supo percibirlos hasta entonces. Desde ese momento, su pintura ha buscado los colores, los matices, las luces que brotan de la tierra, de los montes de su Axarquía natal. "Cada provincia tiene su propia luz, su propio color", dice Evaristo Guerra y así lo refleja en su mural Homenaje a la luz de Andalucía, pieza central de la muestra que el Museo de Nerja, de la Fundación Cueva de Nerja, exhibe hasta el 20 de septiembre. En la primera quincena del próximo mes esta exposición cohabitará con otra en la Sala Municipal del Ayuntamiento de Nerja (se inaugura el 2 de septiembre). En ella colgará su obra más reciente de pequeño formato y obra gráfica.

El pintor se siente especialmente orgulloso de la treintena de cuadros que, como piezas de un puzzle, forman Homenaje a la luz de Andalucía. "En él vemos el azul de Cádiz, los violetas de Málaga, el corinto, según Federico García Lorca, de Granada, el gris de Almería, los verdes de Jaén, el ocre rosado de Córdoba, el oro de Sevilla y el magenta de Huelva", declara y asegura que está en conversaciones con la baronesa Thyssen para su posible adquisición. En la muestra también se exponen los ocho árboles que se pudieron ver en 2013 en la exposición del Rectorado y sus últimos lienzos dedicados a Frigiliana y Canillas de Aceituno. "Son 15 ó 16 piezas nada más, pero muy bien expuestas, cada cuadro tiene su espacio, su dignidad. He preferido hacer dos exposiciones simultáneas, una con esta obra grande y digna de un museo y otra con la más pequeña", comenta Guerra.

Como buen hijo de panadero asegura que su padre le enseñó a levantarse temprano. A las 7:00 amanece para ponerse delante del caballete cada día. "La pintura es el interior de uno mismo", considera y asegura que si se es sincero, si no se engaña al pincel, "si el color de la paleta el cuadro te lo admite y hay una conexión, una entrega, la tercera persona, el que realmente entiende, sabe verlo". Agrega Evaristo Guerra que "cada día estoy más feliz pintando" y reconoce que los años y la experiencia le han aportado la serenidad suficiente para la observación tranquila.

"Si miro un cuadro de hace 30 años es muy distinto a lo que estoy haciendo ahora. Ahora estoy más rico en matizaciones, en colorido...", opina. "Desde que descubrí el pincel del número 2 no me cunde", dice bromeando, aunque reconoce que "me gustaría que los cuadros fueran más rápidos pero ahora estoy más minucioso, tengo menos prisa". Y esa es la misma quietud que siembra en sus campos vacíos, en sus casas que, al anochecer, guarecen a los agricultores que han estado sembrando, talando sus olivos, cavando a pleno sol.

La ermita de la Virgen de los Remedios ha sido, hasta el momento, su gran obra. Invirtió doce años de su vida en pintar unos 1.150 metros cuadrados. "Dicen los entendidos que es la ermita más grande pintada por un solo pintor", explica y recuerda que "mucha gente no se creía que la iba a terminar, pero no, ha sido una entrega total a la ermita y he dejado ese legado a la Virgen de los Remedios de Vélez, al pueblo". En 1995, justo después de clausurar una exposición antológica en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, volvió a la provincia malagueña para afrontar este reto. Hasta 2007 estuvo empeñado en él. "Fueron tiempos fabulosos, la gente lo compraba todo", asegura. Luego llegó la crisis y el arte "pasó a un tercer plano". "Una familia sin un kilo de patatas no puede vivir pero sin un cuadro sí, esto está muy claro", señala. Ahora parece que se empieza a ver cierta recuperación y a él le pillará pintando. Su próxima muestra será en el Ateneo de Madrid.

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