Museo Picasso Málaga. 15 aniversario

La otra mitología del genio

  • El Congreso Internacional ‘Picasso e Historia’ reivindica en su primera jornada la raíz andaluza del pintor en paralelo a la forja de la misma Andalucía como territorio político y cultural

El director del Museo Picasso, José Lebrero, en la inauguración del congreso El director del Museo Picasso, José Lebrero, en la inauguración del congreso

El director del Museo Picasso, José Lebrero, en la inauguración del congreso / Museo Picasso Málaga

Con más de doscientos especialistas acreditados procedentes de EEUU, Francia, Reino Unido, Argentina, Polonia, Suiza, Alemania, Bélgica, Turquía y España (entre otros países), y un programa con 24 ponencias, el Congreso Internacional Picasso e Historia que ha comenzado esta mañana en el Museo Picasso Málaga y que se prolongará hasta el jueves es mucho más que una anécdota: muy al contrario, revela la posición de la ciudad y de la pinacoteca en el mapa picassiano internacional, en una proyección creciente. El Museo Nacional Picasso de París puso en marcha este proyecto con la intención de unificar, articular y divulgar los trabajos académicos más importantes en torno a Picasso en todo el mundo y en virtud de categorías temáticas concretas; el mismo centro parisino celebró las dos primeras ediciones, mientras que la tercera tuvo lugar en Barcelona el año pasado y la cuarta ha venido a afianzar la posición del Museo Picasso en esta cuestión. Esta actividad, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Unicaja, se integra además en los actos con los que el Museo Picasso celebra su 15 aniversario y, de entrada, los primeros encuentros de hoy han servido para reivindicar no sólo la función testimonial de Picasso respecto a los grandes acontecimientos históricos de su tiempo; más aún, la convicción de que Picasso desempeñó esta función desde su raíz andaluza mientras Andalucía se forjaba a sí misma como territorio político y cultura. En lo que a la Historia se refiere, Picasso fue corazón y periferia. Sin contracción ni paradoja.

Tras la inauguración del congreso, que ha corrido a cargo del director artístico del Museo Picasso, José Lebrero; el presidente de su consejo ejecutivo, Bernard Ruiz-Picasso; el consejero andaluz de Cultura, Miguel Ángel Vázquez; y el presidente del Museo Nacional Picasso de París, Laurent Le Bon, ha sido el catedrático de Historia del Arte Eugenio Carmona quien ha detallado en la primera conferencia la construcción de Picasso como pintor andaluz. Primero, a través de los testimonios que el artista dejó escritos sobre sí mismo: “Si yo fuera fuera las fieras vendrían a comer de mi mano” [sic], escribió en Boisgeloup en 1935, a modo de mensaje misterioso “en el que aflora de manera inconsciente la lengua materna, entendida como significantes transmitidos para que el ser viviente los transforme en significados. En este sentido, cabe afirmar que la lengua materna de Picasso es Andalucía. Una Andalucía que se pierde sin remedio en cada traducción”.

A través del más popular poema autobiográfico que escribió Picasso (“he aquí la historia yo nací de un padre blanco y una copita de aguardiente andaluz nací de la niña de una madre soltera de quince años nacida en málaga en los percheles el hermoso toro que me engendró la frente coronada de jazmines con los dientes había arrancado de sus manos las líneas de la jaula que oprimían al pueblo”), Carmona ha dejado constancia de una doble mitología que construye Picasso respecto a su origen: la más anclada en el mundo clásico, evocada a la manera del rapto de Europa; y la que tiene que ver con los Percheles, el enclave donde vivió su abuela Inés López Robles (que fue madre soltera), “un barrio de la clase trabajadora, en el que comenzó la industrialización de Málaga en el siglo XIX. El mismo al que debe encaminarse Don Quijote para, según Cervantes, convertirse en un auténtico caballero. Y el mismo en el que tiene el flamenco uno de sus orígenes”. A través de numerosas señales poéticas y pictóricas, Picasso se vincula a sí mismo a esta “otra mitología”, la de la Andalucía popular. Y lo hace mientras su contemporáneo Blas Infante emprende la primera definición histórica, cultural y política de Andalucía. Fue Federico García Lorca quien, en 1928, reconoció por primera vez a Picasso como artista andaluz: “Picasso es el andaluz genial de las invenciones milagrosas y la intuición más sorprendente”. Así en la lengua como en el pincel.

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