Cultura

Los restauradores y conservadores alzan la voz contra el intrusismo

  • Las asociaciones profesionales de toda España leerán hoy un manifiesto reivindicativo

Ejemplo de restauración profesional en los talleres del Prado del célebre cuadro de Goya 'Los fusilamientos'. Ejemplo de restauración profesional en los talleres del Prado del célebre cuadro de Goya 'Los fusilamientos'.

Ejemplo de restauración profesional en los talleres del Prado del célebre cuadro de Goya 'Los fusilamientos'. / juanjo martín / efe

La asociación profesional de conservadores y restauradores de España (ACRE) y el Grupo Español del International Institute for Conservation of Historic and Artistic Works (GEIIC) han redactado un manifiesto con el objetivo de visibilizar ante la sociedad y las administraciones públicas la precaria situación de esta profesión llena de incertidumbres. En el documento consensuado se recuerda que "las irregularidades y deficiencias que con frecuencia se producen en este ámbito no sólo repercuten en la precariedad de un grupo profesional", ya que "es un hecho objetivo que las malas prácticas en las intervenciónes de conservación y restauración ocasionan el deterioro y la pérdida del patrimonio cultural y por tanto impiden su transmisión a las generaciones futuras así como la dilapidación del potencial socioeconómico que su respetuoso aprovechamiento genera". "No sólo hablamos de la supervivencia de un grupo profesional -afirman-; más bien de la urgencia de atender las necesidades de nuestro patrimonio cultural. La conservación-restauración no es un hobby, es una profesión y está en juego la memoria de nuestra sociedad".

Este manifiesto se leerá hoy de forma conjunta en las principales capitales españolas. En Madrid será a mediodía ante el Instituto del Patrimonio Cultural de España. A lo largo del día se celebrarán también actos para la lectura en Barcelona, Valencia, Sevilla, Pontevedra y otras ciudades.

La escasa normativa pone en riesgo el patrimonio al favorecer los trabajos abaratados

"Necesitamos una sociedad preocupada por su pasado, consciente de su papel activo en su defensa", dicen los firmantes del texto. "Quienes nos formamos en conservación-restauración durante al menos cuatro años en escuelas y facultades tenemos la obligación de cumplir un código ético muy estricto y de conocer los procesos de deterioro para responder con acciones complejas que garanticen la perdurabilidad de los bienes culturales. Esa formación recibida tiene un amplio reconocimiento internacional que nos prepara para ejercer la profesión. Pero al tiempo observamos el florecimiento de propuestas formativas irregulares que parecen legitimar la ejecución de trabajos altamente especializados a personas sin la formación debida. Debemos trabajar con unos estándares de calidad elevados, lo que impone una regulación en el acceso al trabajo y unos proyectos tan exigentes como la formación recibida. Y, sin embargo, en el mercado real las normas del juego no están definidas y las inversiones se reducen cada día. La escasa normativa, como la Ley de Contratos del Estado, se limita a dificultar dicho acceso y a favorecer el abaratamiento de los trabajos. De seguir así, insisten, existe el riesgo de que las personas que ejercen la profesión opten por emigrar y terminemos por atraer profesionales con menor preparación como ya ocurre en el sector de la sanidad".

Los firmantes aseguran percibir "una escasa sensibilidad social" hacia el patrimonio que se evidencia en la falta de criterio y financiación de las actuaciones de conservación-restauración. "Sufrimos la ausencia de leyes adecuadas y de planes coherentes. Faltan profesionales en el diseño de las políticas de protección, en las administraciones públicas y en los museos. Faltan ambición y planificación, salvo cuando el patrimonio puede ser utilizado por el cuerpo político como aglutinador social o recurso turístico". La falta de reconocimiento social, continúan, se ve incentivada por no penalizar intervenciones que claramente constituyen delitos contra el Patrimonio Histórico Artístico. "Ninguna denuncia prospera porque la conservación se considera un ejercicio opinable relacionado únicamente con la estética", lamentan.

Por todo ello, estos profesionales exigen en su misiva que se defina, regule y unifique de manera inmediata la profesión de conservación-restauración, sus estudios y titulación, "para terminar con el intrusismo profesional que tanto daño hace al patrimonio cultural". También piden "que se legisle de manera clara y se cumpla esta legislación", de forma que toda actuación de conservación y restauración en el ámbito público esté proyectada, dirigida y realizada por profesionales que cuenten con formación académica y con la experiencia necesaria. "Deberán evitarse las adjudicaciones por bajada de presupuesto en los concursos de obras, porque condenan al sector a la indigencia, convirtiendo al colectivo en profesionales desplazados y sin recursos que trabajan en condiciones precarias. Con frecuencia abandonan pronto la profesión, perdiendo el beneficio de su experiencia".

Como tercer punto, exigen que se adapte -o se interprete adecuadamente- la Ley de Contratos del Sector Público, en concordancia con la excelencia y especificidad que este tipo de intervenciones requiere, "siendo necesario, para las mesas de contratación, contar con profesionales con la cualificación adecuada que redacten los pliegos y valoren los proyectos, evitando así que la conservación restauración de nuestro patrimonio se rija por criterios exclusivamente económicos, de capacidad técnica y solvencia económica que premian a las grandes empresas y castigan a las pymes que se dedican a la conservación-restauración del patrimonio cultural. Ha de permitirse la libre competencia en igualdad de condiciones".

En cuarto lugar, reclaman que se trabaje con visión a largo plazo y sostenibilidad, contemplando siempre tres fases en toda actuación: la investigación y difusión; la intervención y el mantenimiento del bien cultural intervenido.

Finalmente, piden que se distinga entre la redacción de proyectos de bienes inmuebles de la de los bienes muebles, así como su ejecución y que, en el caso de los proyectos monumentales, se exija la distinción de los elementos artísticos vinculados a estos monumentos y que la elaboración del proyecto de intervención sea hecha por profesionales especialistas en conservación-restauración.

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