juan castilla brazales. arabista y escritor

"Cada vez que tomamos una vía nos exponemos a nuevos riesgos"

  • 'La casa de los tulipanes' (Almed) es la primera novela que publica este investigador del CSIC que dirigió la Escuela de Estudios Árabes de Granada

Juan Castilla Brazales es arabista. A sus numerosos artículos y libros de contenido científico hay que sumar otros de carácter divulgativo, resultado de su preocupación por llevar a un público no especializado los temas relacionados con su área de interés, la de los estudios árabes e islámicos. Títulos suyos como Érase una vez al-Andalus o Andalusíes son obras de referencia. En la década de 1990 ejerció la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, a la que sigue vinculado. Con todo, su labor principal, la de científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la viene desempeñando en la Escuela de Estudios Árabes, centro granadino del que fue director entre 2005 y 2013. Desde 2012 es Presidente del Ateneo de Granada. La casa de los tulipanes (Almed) es la primera novela que publica en su larga trayectoria.

-¿Por qué se ha adentrado ahora en el género de la novela? ¿Piensa repetir la experiencia?

-No me adentro en estos momentos. Ahora es cuando ve la luz una de mis novelas. La escribí hace tiempo, durante unas vacaciones de verano. Lo curioso es que, mucho antes que ésta, redacté otra de temática muy diferente y más voluminosa. La circunstancia obedece al sencillo deseo de dar satisfacción a mis hijos. A Juan le dediqué la primera y a Irene, la que acaban de publicar. Un día, en plena adolescencia, me sorprendieron pidiéndome que escribiera algo para ellos, no sólo libros de mi especialidad. No tardé en reaccionar y me lo planteé como un reto, de tal modo que durante años aproveché mis períodos de descanso para dar respuesta a su petición. No sé si repetiré la experiencia. De momento, esperaré hasta ver si alguna editorial muestra interés por la que dediqué a mi hijo.

- Exceptuando a la protagonista, ¿tiene algún otro personaje favorito en esta novela?

-No me quedo con uno en especial. Me conmueve la señora Lambert, tan fuerte y frágil a la vez; me arrastra Louis, tan irreal, infantil y soñador. Por otro lado, ya querría para mí la lealtad de unos amigos como Gaston, Adèle y su círculo de íntimos allegados. También me sobrecoge el personaje de Armand, con una piel dura y resistente que esconde en realidad un alma enormemente sensible y generosa.

-¿Por qué no da datos concretos (aunque sí alguna referencia al final ) sobre la época en la que sucede la acción, y sí los ofrece sobre el lugar, la ciudad...?

-Soy incapaz de responderme a mí mismo sobre esa cuestión. Ignoro lo que hacen los profesionales de la escritura. No sé si planean, trazan, desarrollan, esquematizan… En mi caso, me puse frente al ordenador y surgió la primera frase. Le siguieron otras, que fueron encadenándose a las anteriores. No encuentro explicación racional del porqué salió a relucir un orfanato, y precisamente en Luxemburgo. Tampoco puedo justificar por qué trasladé el escenario a París. Supongo que algo de protagonismo tuvo en ello el subconsciente. En cuanto a la época, me resultó terriblemente enigmática al principio. Supongo que algo similar acabará ocurriéndole al lector cuando empiece a leer la novela. Sólo cuando llevaba algunas páginas escritas empecé a darme cuenta de que lo describía no podía suceder en tiempos cercanos a nosotros. Fue una auténtica sorpresa descubrirlo. A partir de ahí, cada día fueron tirando de mí nuevas historias que, afortunadamente, iban encontrando su propio hueco en el contexto del libro.

-¿Por qué eligió como escenario un orfanato tan exquisito como el de La casa de los tulipanes?

-Es cierto. No es precisamente el tipo de orfanato en el que todos pensamos apenas oímos pronunciar esa palabra. Tampoco hay una respuesta lógica a esta pregunta. Salió así de primeras, y su ambiente y peculiaridades fueron evolucionando de manera autónoma. Yo me limité a teclear compulsivamente, siguiendo al dictado lo que la imaginación iba pidiéndome.

-La protagonista de la novela, Gisèle, no da a conocer su nombre hasta la página 39, mientras que desde el primer momento conocemos la identidad del resto de personajes del orfanato. Tampoco se dice nunca su edad. ¿Este suspense obedece a algún motivo deliberado?

-No, no tiene nada de premeditado. La novela está narrada en primera persona y, por puro capricho del azar, es en esa página cuando sale a relucir su nombre. Tampoco busqué ningún tipo de intriga u ocultación especial. Cualquier lector irá calculando su edad conforme vea crecer, evolucionar y madurar a la protagonista.

-¿Cómo definiría la relación de Gisèle con la condesa?

-Puede que sea atípica, llena de altibajos emocionales y afectivos. En cualquier caso, a Gisèle siempre la domina una singular obsesión que la lleva a corresponder de la mejor manera posible a todas las personas que van dejándola señalada positivamente a lo largo de su vida. Es el caso, por ejemplo, de la condesa.

-Alude en varias ocasiones al agradecimiento de las chicas por haber sido acogidas en este singular orfanato. ¿Tienen miedo a lo que les deparará el futuro?

-Creo que detrás de ese sentimiento de gratitud no hay más que grandes dosis de nobleza, nunca de miedo. Por lo demás, la incertidumbre que sobrevuela a todas ellas al pensar en lo que les deparará el futuro no es nada extraño. A todos nos ocurre en muchos momentos de nuestras vidas sin necesidad de crecer en un orfanato.

-Cuando se va a vivir a París, la señora para la que trabaja le dice en un momento dado: "No te vendes por nada, no te doblegas ante nadie". ¿Se puede leer como un resumen de lo que es Gisèle?

-Es ahora cuando reflexiono por primera vez sobre esta frase y creo que es acertada. Cabría entender que ésas son las señas de identidad de la protagonista, más allá de sus avances o retrocesos, derivados casi siempre de las idas y venidas a las que la somete la vida.

-Gisèle pasa por varios escenarios: el orfanato, la casa de París, la casa en la que conoce a Louis... Una experiencia negativa siempre la lleva a otro destino donde, tras un inicio difícil, la situación se da la vuelta.

-Quizás sin pretenderlo haya inyectado en el proceso de evolución de Gisèle una filosofía particular: soy de los que piensan que la vida nunca deja de ponernos delante reiteradas bifurcaciones a lo largo del camino que un día emprendimos. Cada vez que tomamos una vía una dirección concreta nos exponemos a nuevos riesgos, inseguridades, desafíos y posibles caídas. El rayo que se abre paso entre esas tinieblas casi siempre irrumpe luminoso y de improviso: justo en el momento en que nos sentimos más abatidos es cuando aparece alguien en nuestro horizonte que nos da la mano para que nos levantemos y sigamos adelante. A partir de ahí empieza otro retazo de existencia que seguramente nos dará alas para pensar que nada ni nadie podrá detenernos.

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