Mayte martín. cantaora

"Yo he venido a desarmar a la peña con mis canciones"

  • Con los nombres propios en su memoria, la artista catalana publica un nuevo disco, 'Tempo Rubato', que la "la propia vida ha hecho crecer"

Mayte Martín (Barcelona, 1965), poco antes de la entrevista con este diario. Mayte Martín (Barcelona, 1965), poco antes de la entrevista con este diario.

Mayte Martín (Barcelona, 1965), poco antes de la entrevista con este diario. / víctor rodríguez

Al final del Puente de San Telmo un hombre vende libros de segunda mano usando como reclamo cartulinas que con rotulador alertan sobre la necesidad de hacer un parón en este mundo frenético. Con el coche, con el móvil y el teclado, infarto garantizado es el que le leemos a Mayte Martín cuando, ni una hora más tarde, en el cercano hotel donde concede la entrevista a este diario se cuestiona "dónde está la razón artística" y lamenta la "frivolidad" que se promueve en la música.

El llamativo lema le hace sonreír un rato pero su trasfondo bordea toda la charla, tornándose a veces en preocupación y otras en indignación extrema. Todo menos indiferencia. "Verdad, eso es lo que falta en el arte", concluye después de enlazar decenas de preguntas retóricas, como si hubiera dado por primera vez con la tecla.

Cuando pago una entrada lo que busco es salir de allí siendo otra. Lo demás es una pérdida de tiempo"Nunca escondo lo que pienso, yo al menos dejo el flamenco en paz. Lo que no haré nunca será chapotear en él"

Con la misma vehemencia y franqueza con la que se muestra en Tempo Rubato, un disco de canciones de amor y desamor "que la propia vida ha hecho crecer", va desvelando la cantaora en su discurso su concepción del arte como algo "sagrado y religioso" que merece ser abordado desde "la coherencia y el compromiso". Sólo que aquí, para reforzar su cabreo, intercala las habituales y necesarias palabrotas y en el álbum la dureza pasea delicadamente por sus demoledores versos.

"El arte tiene una función muy concreta, que es la de remover, y esto es algo que cada vez se tiene menos en cuenta", lamenta. Claro que para ella lo grave no es que esto lo descuide una industria en la que siempre ha ido "a contracorriente", sino que lo olviden los propios artistas. "Cuando pago una entrada lo que busco es salir de allí siendo otra. Lo demás es una pérdida de tiempo. Sin embargo, hoy todo está pensado de antemano y pensar debe ser la fase siguiente a sentir. Tienes que construir desde lo que sientes y si no es rentable, te jodes. Eso es el arte. Para nombrar todo lo demás hay que crear urgentemente otro término", expone categórica.

Desde esta premisa y con el sentido de responsabilidad que, se nota, arrastra desde pequeña, no sorprende su confesión sobre este trabajo, que en su proceso inicial le trajo gozosas satisfacciones, como la del emotivo concierto que dio en febrero de 2017 en el Lope de Vega, y que, por el contrario, le ha destrozado cuando tenía que salir al mercado.

Todo porque cuando escuchó el resultado notó que le faltaba alma, emoción. En definitiva, "no me gustó nada y lo tiré". "Sabía que o lo empezaba de nuevo o no salía… y esto me hizo sentir fatal sobre todo por las muchas personas que han puesto su granito de arena en él, a través de la campaña de crowdfunding que lanzamos", explica. Así que lo grabó otra vez. Y únicamente le sirvió cuando vio -o mejor, escuchó- esa melancolía que el actor Juan Echanove describió como "un lugar situado entre el ombligo y la lágrima". "Las obras más grandiosas están construidas desde ahí, desde el dolor, el desengaño, el desamparo. Entre otras cosas porque la alegría, lo bueno que te pueda pasar, son emociones que nunca te rebosan".

De esta forma, en Tempo Rubato la catalana ha condensado su universo dejando salir en él todas las Maytes, desde Muy frágil a Cosas de dos, pasando por Querencia, Free Boleros o Al cantar a Manuel. Expuesta, sin filtro, "abierta en canal". Lanzando versos lapidarios que son el fruto de su experiencia vital y que tienen fechas plasmadas y nombres de mujer en su recuerdo. "Se desdibujan en el tiempo los momentos del amor y me doy cuenta que lo que un día fue todo, le quita al tiempo valor", dice uno de ellos.

En este sentido, admite que sus discos no son fáciles. Sabe que sus canciones actúan en los demás como un espejo y uno tiene que estar dispuesto a mirarse. "He venido a desarmar a la peña, lo tengo claro", añade con cierto orgullo. Es más, piensa que lo único que une a sus variopintos seguidores "es el no tener miedo a enfrentarse a sus miserias". Quizás, por eso ha construido con ellos un vínculo indestructible que mantiene y cuida desde el escenario y desde sus redes sociales, donde contesta uno a uno los mensajes que recibe. "Siempre he sido consciente de lo que les debo", manifiesta sin dudar.

De ahí que le moleste tanto la "inconsciencia" de quienes se ven arriba demasiado rápido y sin esfuerzo. No puede entender que en todas las profesiones se requiera un aprendizaje menos en la suya. "Si no vas peldaño a peldaño es imposible que comprendas la responsabilidad que tienes sobre lo que haces, que te tomes en serio al público", reflexiona recordando los inicios por las peñas flamencas de su Barcelona natal donde, "por supuesto, cantaba sin que pagaran por oírme y sin cobrar nada porque estaba aprendiendo", argumenta.

En este punto revolotean los nombres de Rosalía o Niño de Elche, por quienes siempre le preguntan "porque nunca escondo lo que pienso". En cualquier caso, lo que le molesta no es si lo que estos artistas hacen agrede o no al flamenco, sino "la manera errónea en que se enfoca el debate. El que nos vayamos por las ramas en lugar de pararnos a analizar si lo que escuchamos es bueno o no, si aporta algo". Luego, eso sí, le mosquea que "mientras ellos están en la Bienal, en la Bienal -recalca-, José de la Tomasa esté pescando en la playa", exclama. Entre otras cosas porque "la evolución no es degeneración" y porque, viene a decir, no provoca quien quiere sino quien puede.

Pero ¿el flamenco no peca a veces de pretencioso?, le lanzamos aludiendo al pellizco que este arte se atribuye. "Sí, claro", responde, "porque, además, aunque este disco no es flamenco, lo que hay detrás, por mi fraseo y la forma de colocar mi voz, es una cantaora. Por mucho que haya quien se queje de que estoy dejando de lado el flamenco, ¡ya quisiera yo!". Acto seguido se para y pide tiempo. "Lo que quiero decir -continúa- es que yo al menos dejo al flamenco en paz. Es evidente que tengo otras inquietudes musicales pero ¿sabes qué? Que si hago un disco de tango será de tangos. Lo que nunca haré será chapotear en el flamenco", dispara.

Con la grabadora apagada la autora de SOS recalca que "la música debe ser la prolongación de tu discurso", y no al revés. Cerrando sin querer el círculo que desde un principio la rondaba. Es decir, que ella es y luego canta.

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