Cultura

El verso como el espíritu despojado de ataduras

  • Agustín Delgado edita una compilación de poemarios, tres de ellos escritos en Málaga, que recorre sus etapas de "resistencia" a los lenguajes establecidos

La palabra de Agustín Delgado (león, 1941) tiene en Málaga una morada donde siempre es bien recibida. Aquí obtuvo el poeta su primer destino como profesor, y aquí dio forma a sus tres primeros libros: El Silencio, Nueve rayas de tiza y Cancionero civil. Y aquí encontró "un espacio de libertad aún en pleno franquismo", recuerda ahora el escritor en una nueva visita a su ciudad de acogida con motivo de la presentación de Espíritu áspero. Poesía Reunida (1965-2007), su primera antología, en cuya edición colabora Unicaja (con la compra de 200 ejemplares).

"El Silencio lo escribí nada más llegar a Málaga, en cuestión de tres días mientras esperaba en una pensión a que me llamaran para trabajar. Relata la experiencia en Alemania como trabajador. De aquel choque de revolución industrial europea para alguien que venía de una cultura campesina", cuenta Delgado. Han pasado más de cuatro décadas desde entonces y muchos versos en el camino. La salida a la luz de esta compilación es para su autor argumento de lujo para la satisfacción. "Sobre todo porque siempre he publicado de una manera desordenada, con ediciones de autor muy modestas. Poder recoger ahora todo los poemas en un libro supone también una reflexión sobre lo hecho", confiesa.

A pesar de encontrar textos "muy diferentes" en la decena de libros publicados en épocas de difícil ejecución, su autor reconoce en todos ellos "una coherencia de fondo", que late en una poesía que "en vez de buscar agradar" opta por dar salida a una "escritura de resistencia". Durante los años del franquismo esta intención se plasmó "claramente" en una dirección crítica hacia la política que, a partir de la democracia deriva más hacia una "experimentación lingüística" como modo de rebeldía. Esa estética a contracorriente tuvo su marchamo de autor en la serie de sansirolés que inventa; "una fórmula que juega con la lengua, y donde el significado muchas veces se pierde", explica Delgado.

Hace dos años el poeta visitaba Málaga por una grata noticia, la publicación, por fin, de Nueve rayas de tiza, 40 años después de un primer intento frustrado. Agustín Delgado se disponía a presentar su poemario -ilustrado con dibujos de su amigo Eugenio Chicano- en 1968 pero el gobierno le cerró las puertas. "Una de las fechas que más asustaban en el tardofranquismo era el 1 de mayo. El gobierno temblaba y pensaba que mi libro era una maniobra orquestada", recuerda. Nueve rayas de tiza tenía prevista su presentación en la taberna La Buena Sombra. "La falta de libertad hacía que todos los que teníamos sensibilidad de resistencia se encontraran en un mismo y único sitio en Málaga", apunta.

Hoy por hoy, la pluma del poeta no siente la necesidad de combatir, sencillamente porque "la ideología ya no oprime", sostiene. La urgencia es otra. "Para mi antes la métrica y la rima simboliza un poco la opresión. Ahora tengo la necesidad de experimentar con las formas clásicas, de entrar en un terreno desconocido", concluye.

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