Crítica de Cine

Con la vista nublada

À peine j'ouvre les yeux

Festival de Cine Francés de Málaga. Drama. Francia-Túnez-Bélgica, 2015. Dirección: Leyla Bouzid. Intérpretes: Baya Medhaffar, Ghalia Benali, Aymen Omrani.

Hay en À peine j'ouvre les yeux, la ópera prima de Leyla Bouzid, tanta buena intención, tanta inocencia en la puesta en escena y una moraleja tan transparente con la que es tan difícil estar en desacuerdo, que uno no puede sentirse más que aguafiestas a la hora de constatar que, pese a toda esta armonía, nada en la cinta la convierte en especiamente memorable ni, lo que es peor, maquilla la sensación de que con estos mimbres se hubiera podido ir mucho más allá.

Farah, una joven que ha de iniciar sus estudios universitarios, entra en conflicto con sus padres tras la imposición de estos de que estudie medicina… cuando ella lo que quiere es dedicarse a cantar, destino soterrado de su propuesta alternativa de dedicarse a la musicología.

Este hilo conductor permite a Bouzid tratar, no ya la cuestión familiar en mitad de un ambiente pseudo-burgués -con un interesante vuelta de tuerca donde la madre encarna valores más conservadores que el padre-, sino el ambiente político a pie de calle bajo el mandato de Ben Ali, con la censura y la tensión constante entre partidarios y detractores, entre vigilantes y vigilados.

Algo de denuncia asoma sobre el papel denostado de la mujer, como también aparecen secuencias de coqueteo con el thriller (carrera de coche incluida), pero el tratamiento no deja de resultar superficial, como si el toque académico de la Fémis hubiese endulzado esta suerte de Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015) musical a la tunecina. Y aunque el regusto pueda resultar agradable -así lo acreditan los diferentes premios del público recibidos-, la sensación es de ocasión perdida.

Dejando a un lado la pobreza visual de las escenas musicales, entre la corrección visual de todo el film brilla con luz propia una secuencia en la estación de autobuses en la que la madre de Farah (portentosa Ghalia Benali) busca a su hija. Para contarlo, Bouzid saca literalmente la cámara a la calle para robar toda la escena, mostrando intuición y valentía a la hora de rodar y montar, esquivando -casi literalmente- a los transeúntes. Hay más tensión en esos tres minutos que en todo el resto de la cinta. Era un camino.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios