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Baño de realidad

Desmontado el decorado deseado por Sánchez: Atresmedia retirará el atril de Abascal y mantiene el debate a cuatro que proponía, conforme a ley, la televisión pública

CON frecuencia, la dirigencia política termina por creerse su visión sesgada –cuando no falseada– de los acontecimientos: ideología e interés particular por encima de todo. Pero de vez en cuando topa con la realidad. Ocurrió ayer: la Junta Electoral Central prohibió un debate en las televisiones de Atresmedia por incumplir el principio de proporcionalidad, que es exigible a esas televisiones, aunque sea privada, porque hace uso para emitir de una concesión pública: el espacio radioeléctrico.

Tres partidos con representación parlamentaria en el Congreso –ERC, Coalición Canaria y PNV– recurrieron el diseño del debate por incluir a un partido sólo tiene escaños en la expectativa demoscópica: Vox. Sí, tiene doce en Andalucía: pero no es representativo.

Pero la relevancia de lo sucedido, más allá de los argumentos jurídicos, está en el ámbito político y en cómo el candidato presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, vio truncado su deseo de debatir sólo si estaba en la mesa Vox: su aliado oculto.

Sánchez esquivó el debate en TVE porque obviaba al partido de Santiago Abascal: toda su campaña se basa en la efervescencia de la derecha dura: ya nos preguntamos hace días si no es el mismo error que llevó a Susana Díaz a estrenar la oposición socialista en el Parlamento andaluz.

La decisión del PSOE de sólo aceptar el debate de Antena 3 y laSexta no sólo retrata su verdadero apoyo a la televisión pública, sino que muestra su poca disposición a confrontar de poder a poder con la alternativa: el mejor ejemplo es la negativa a un cara a cara con el líder de la oposición: el mismo que reclamó y sí tuvo él con Mariano Rajoy en 2015 y 2016. La afición al debate es efímera: dura lo que la llegada al Gobierno.

Desmontado el decorado deseado por Sánchez: Atresmedia retirará el atril de Abascal y mantiene el debate a cuatro que proponía, conforme a ley, la televisión pública. Llegado a ese punto ya no cabía echarse atrás: Sánchez irá a batirse con  Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Baño de realidad. Aunque será en las pantallas privadas, salvo que rectifique y acepte, ahora sí, el mismo formato en la Española: ¿lo hará si le sale mal el pactado?

Lo fundamental: tras este esperpento subyace no sólo el desprecio a los medios públicos, sino a los propios electores.

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