Análisis

josé j. arenas

Físico de Sistemas Complejos Asesor del Centro de Ciencia Principia

¿Creer en Dios alarga la vida?

Es más probable que la creencia en Dios conlleve un modo de vida más saludable

Dios es un concepto por el cual podemos medir nuestro dolor". Así comenzaba John Lennon su mítica canción titulada God, de 1970. Si nuestras imploraciones a deidades son proporcionales a nuestro dolor, según estudios recientes, podríamos concluir que el dolor alarga la vida.

Investigadores de La Universidad de Ohio (EEUU) han publicado en Live Science un estudio que sugiere que los creyentes viven, en promedio, cerca de cuatro años más que ateos o agnósticos. Las investigaciones analizaron modos de vida de personas fallecidas entre 2010 y 2012 a lo largo de decenas de estados del país. En una primera impresión, podríamos pensar: "¡Oh! ¡Dios existe y además premia a sus fieles!" (o castiga a los infieles). Ciertamente, invitaría a una reflexión tal comportamiento divino. Sin embargo, la cultura científica nos puede ayudar a distinguir entre causalidad y correlación. En este caso, de ser correctos los análisis estadísticos, nos encontraríamos en el caso de la correlación. Si bien es posible que las personas que participan en actos religiosos tengan una longevidad mayor, parece obvio afirmar igualmente que ello no tiene porqué deberse a que Dios recompensa a quienes crean en Él, sino a un cierto estilo de vida subyacente. Es decir, los practicantes de la fe suelen pertenecer a comunidades, relacionarse socialmente entre ellos, participar de códigos de conducta beneficiosos para la propia conciencia, mantener cierta tranquilidad ante la muerte debido a la creencia de que no es el final, limitarse en ingesta de alcohol, tabaco o comidas (la mayoría de religiones restringen o condenan el abuso de estos), etc. Este conjunto de hábitos están relacionados con la salud directa o indirectamente. Así, es más que probable que la creencia en Dios conlleve un modo de vida que desemboque en una salud física y psicológica mejor, en promedio, que quienes no profesan religión alguna.

Como decíamos ayer… Si nuestras plegarias a Dios dependen de nuestro dolor, y cuanto más nos duele, más rezamos y, por tanto, más vivimos (según estas publicaciones); ¿cómo encaja esta lógica aristotélica con la lógica de la ciencia médica que evidencia que el dolor no obedece a nada sano? La propia paradoja quizá desmonte los resultados del estudio.

"Sólo creo en mí", continuaba la letra de God. Si muchos de nosotros hemos llegado a una epifanía intelectual similar, esperemos que las conclusiones del estudio sean refutadas. Amén.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios