Hoy les relataré algunos detalles de un barco muy especial; un buque de turistas que durante muchos años ha estado calificado como el mejor crucero del mundo. Propiedad de la compañía Hapag-Lloyd Cruises, el Europa, luciendo un nombre tradicional en esta naviera alemana, se estrenaba en aguas malacitanas el octubre de 1999, 21 días después de haber iniciado su vida de mar. Procedente de Tánger y con destino a Mahón, este buque, que en su primera escala malacitana hizo noche atracado en el muelle número dos, como bienvenida, fue agasajado con fuegos artificiales, un detalle que por aquellos años era muy poco frecuente de ver en las aguas del puerto de Málaga.

Construido el Finlandia entre los años 1989 y 1999, el Europa, sustituyendo a otro buque con igual nombre, pronto comenzó a destacar en el panorama crucerístico internacional. Con 28.890 toneladas de registro bruto y 198 metros, su mediano porte y sus calidades pronto le propiciaron la calificación de cinco estrellas plus; un galardón al que habría que añadirle el de Luxury Cruise Ship, lo más de lo más en los barcos de turistas. Respaldados estos méritos por una de las más importantes publicaciones dedicada al mercado crucerístico que, durante 12 años lo mantuvo en el primer puesto de los buques de crucero, el Europa, dejando a un lado lo que de subjetivo tienen estos halagos, participa de una serie de características muy especiales. Con 11 cubiertas de las cuales 8 son para el pasaje, nuestro protagonista de hoy puede albergar a 408 pasajeros repartidos en 204 camarotes; una habilitación dividida en nueve categorías con alojamientos de 27, 45 y 85 metros cuadrados. Manteniendo los habituales estándares de estos barcos, el Europa, que dispone en su cubierta superior de un espacio para nudistas, compite en la actualidad con buques similares; unos barcos más modernos que lo están alejado de su pasado de gloria.

Y aunque estas clasificaciones de buques de crucero pasan por muchos y por muy diferentes intereses, el Europa, que hace unos días realizaba su escala malagueña número 26, a pesar de todo, mantiene un especial sello de identidad que durante muchos años lo convirtió en el más grande.

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