Análisis

gumersindo ruiz

La gran empresa familiar

El congreso reciente de la empresa familiar española ha dejado en el aire numerosas ideas, de las que entresaco tres. Empezaré con la hipótesis de que la empresa familiar es pequeña porque es poco productiva, no al revés, como suele presentarse. Una empresa pequeña productiva crece, y estos días he tenido ocasión de pensar en ello a raíz de la muerte de Gilberto Benetton y Wanda Ferragamo, nombres ilustres entre los de las familias italianas de la moda como Bulgari, Missoni, Armani, Prada, Bertelli, Della Valle, y otros que se me pasan, y que ha llevado a Raffaele Jerusalmi, de la bolsa italiana, a decir que "llevan la sucesión en el ADN familiar"; aunque, en ocasiones, la espectacular subida de la capitalización bursátil de estos nombres (unos 280.000 millones de euros sólo para la industria global del lujo en 2018), tienta a vender la empresa. En el congreso español de la empresa familiar las empresas que cotizan son muy pocas, y hay diferencias muy grandes en cuanto a problemas a los que tienen que enfrentarse, capacidad de competir, productividad, y salarios que pueden pagar, entre las que han conseguido un tamaño grande, y las que no, además, claro está, de las peculiaridades, ventajas e inconvenientes, del sector en que se encuentren.

En segundo lugar, en las presentaciones sobre buen gobierno y responsabilidad social corporativa, destaca la visión de largo plazo de la empresa familiar, y el compromiso con valores heredados, lo que se llama legado o conjunto de ideas y prácticas que deben mantenerse. Frente al corto plazo con que se opera hoy día en el mundo de la inversión, esta característica de luchar por que la empresa sea competitiva, gane en dimensión, y consiga así sobrevivir y mantenerse a lo largo de los años y las crisis, es común a muchas empresas familiares. Esto es muy positivo, y creo que los empresarios creen que se piensa peor de ellos de lo que en realidad se piensa socialmente; como ocurre con todo, depende del tipo de empresa y la percepción que se tenga de ella, en un mundo completamente influido por la volatilidad de las redes sociales.

Hay un tercer aspecto que quizás los representantes de los empresarios familiares deberían analizar más fríamente, y es la relación con la política y los políticos. Las decisiones de estos pueden ser obviamente significativas para la empresa, pero el entorno en el que la empresa se mueve hoy está formado por un montón de hechos del ámbito local, regional, nacional, e internacional, y no es corriente que una sola decisión sea de vida o muerte para la empresa. La situación económica actual no es mala, ni estamos mal preparados para una caída de la actividad productiva. La crisis de hace diez años no fue del sector público, sino del privado, cuyo endeudamiento -empresas y familias- superaba en España seis veces al público, y además para inversiones desastrosas, concentradas en el macro sector de la construcción. Hoy se amortiza más crédito que se concede nuevo (cae un 2,6% anual), y no hay una burbuja. La hostilidad hacia la política y los gobernantes no debería llevar a una amnesia sobre lo que de verdad ocurrió, ni a nublar la visión de nuestra empresas, sino a trabajar con optimismo, con todo lo malo y lo bueno que tenemos.

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