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Análisis

Gumersindo ruiz

Ni tu verdad ni la mía

La discusión sobre el presupuesto europeo es la historia de distintas verdades, según la perspectiva del país. El problema es que cada presidente tiene que llevar el acuerdo a su casa, unos mostrando ganancias o no para la agricultura y otros sectores, y otros justificando por qué su país paga más de lo que recibe.

Hay que cambiar la mentalidad europea, manteniendo la autonomía nacional en los asuntos de convivencia interna, y borrando las nacionalidades en la acción económica. Los países renunciaron en su día a algo tan importante como su moneda, y a la política monetaria y financiera propia; no tiene sentido que los presupuestos de los países estén cerca del 50% del producto, y el que se está discutiendo de la Unión Europea no llegue al 1%; hay demasiada nación y poca Europa. Los primeros ministros de Austria, Holanda, Dinamarca y Suecia, decían la semana pasada que no les importa pagar más de lo que obtienen, porque tienen claro que se benefician de la Unión Europea; están de acuerdo en que el presupuesto vaya a la lucha contra el cambio climático, políticas de inmigración y seguridad, y sobre todo a innovación; pero no quieren que se suba del 1%. La única forma de romper esta situación es contar con un presupuesto mayor, pero gestionado desde la Unión Europea, no repartido entre los países para perpetuar situaciones que crean fricciones. El caso de la agricultura es llamativo, pues supone reparto de dinero para algunos países y otros no; sin embargo, con un potente presupuesto europeo medioambiental, se puede transformar la agricultura de los países, tecnificarla, mejorar en organización y procesos, y hacerla menos dependiente presupuestariamente; puede llevar un par de décadas, pero en algún momento habrá que empezar.

Hay que contar con fuertes impuestos europeos, de los que el impuesto sobre transacciones financieras y servicios de las empresas tecnológicas son los más razonables. España ha hecho bien en tomar la iniciativa, y a ver si la Unión Europea sale de su letargo en este tema. El impuesto sobre operaciones de compraventa de acciones no afecta a las empresas, pues lo pagan los brokers que realizan las operaciones, y lo repercutirán o no en los clientes; las transacciones son volátiles o no sin que ello tenga relación con el coste de las operaciones, que se ha tecnificado y abaratado considerablemente en los últimos tiempos, y nunca han soportado IVA; el impuesto podría extenderse a las operaciones con derivados, que suponen en algunas zonas casi 90% de las operaciones con acciones. En su Breve historia de la verdad, el joven filósofo británico Julian Baggini nos dice que no hay verdades como tales, y por eso hay que buscar perspectivas distintas a los problemas, no como verdades alternativas, sino para enriquecer la verdad llegando a algo nuevo, porque las verdades -dice Baggini- necesitan ser creadas, más que descubiertas. Quizás un nuevo presupuesto más grande para una nueva Europa y más reducido en los países, sea una verdad que hay que crear, y la duda está en si los presidentes de los gobiernos y sus oposiciones son suficientemente intrépidos y capaces para, como enseña Julian Baggini, pensar por sí mismos, pero no en solitario.

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