Tinta con limón

josé L. Malo /

Al(f)onso

MARKETING: en política, poner y quitar parches; averdugar a la víctima, victimizar al verdugo. Y los políticos son como los trabajadores de los hipermercados: eres tan buen cajero como carnicero o pescadero.

Se acabó Ana Mato, llega Alfonso Alonso. Uno se imagina el gabinete de cerebros del Gobierno (qué paradoja, ¿no?) planeando el cambio: hay que cargarse a la Mato, que sea el chaleco antibalas del presidente. Sí, hay que buscar otro perfil. Para empezar, un hombre, cambio radical. Y busquemos otro nombre, por Dios, que lo de Mato... A ser posible, que sepa más de Sanidad y no guardes jaguares en el garaje. ¿Qué tal Alfonso Alonso? Rima, mola, suena a superhéroe intrépido de los de Ibáñez. Sí, y además es portavoz, sabe hablar, que vaya la que lió en la última comparecencia la otra. Éste sabrá defenderse de esas víboras de los medios de comunicación si hay alguna otra crisis antes de las elecciones. Eso, eso, que no tiemble ante un micrófono y pueda salir a hablar con propiedad, ya nos preocuparemos de lo la ley del aborto, la dependencia y la violencia de género más adelante. Hey, pero estoy mirando su currículo y... ¡este tipo es abogado, igual la cartera le viene grande! Bah, eso es lo de menos, Alonso lleva la política en la sangre, y mira cómo nos fue con el perfil de los técnicos. Además, es amiguete íntimo de Soraya y Rajoy le ha respaldado públicamente varias veces; nos vamos a marcar un tanto con el presidente. Hala, pues ya se lo comunico yo a Rajoy, id preparando una sucesión con la parafernalia habitual, algo así como vestir a la Mato de rojo, para que la identifiquen con los malos, y a Alonso con su sonrisa y sus gafas de intelectual sobre corbata azul. Quedará precioso, ya lo estoy viendo.

Y así diseñar un cambio como guionistas una trama. Y, mientras, la Sanidad puede esperar, como ha venido haciendo. Además, la OMS ya ha dicho que España está libre de Ébola, eso da una tregua para ir recolectando excusas antes de afrontar los duros cambios que propone la inminente reforma sanitaria. Se le desea la mayor de las suertes a Alfonso Alonso, porque su buen hacer redundará en el beneficio de todos los españoles. Pero a uno le queda la sensación de que es otro soldado más y que lo que aguarda de aquí a dentro de un año son declaraciones (tanto suyas como de los demás ministros) que laven la cara, a ser posible que la suciedad caiga en Pedro Sánchez y en Pablo Iglesias; España puede esperar. Porque no sólo toca arreglar los problemas que se acumulan en nuestros hospitales y servicios sociales, toca recoger la suciedad que Ana Mato guardó bajo las alfombras.

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