LA campaña electoral iniciada la medianoche del jueves tiene unas connotaciones especiales en Andalucía, y no sólo por la importancia intrínseca de esta comunidad autónoma, por su extensión y población, en el conjunto de España. Por una parte, a Andalucía le corresponde elegir a 60 miembros del Congreso de los Diputados (el total de la Cámara Baja es de 350 escaños) y 32 senadores. Desde las primeras elecciones democráticas la mayoría de los diputados electos han correspondido en todos los casos al Partido Socialista Obrero Español, que ha cimentado precisamente en Andalucía y Cataluña su hegemonía de muchos años en la gobernación del país. Andalucía era, por antonomasia, el granero electoral socialista desde que las riendas de este partido, allá por los años setenta, fueron tomadas por dos andaluces, Felipe González y Alfonso Guerra. Los comicios generales que se celebrarán dentro de dos semanas pueden ser los primeros en que esta trayectoria se rompa para dar paso a una victoria en votos y escaños del Partido Popular. De hecho, se romperá si no se equivocan todas y cada una de las encuestas públicas y privadas que se vienen publicando. Si tal eventualidad se materializa el mapa político nacional habrá cambiado sustancialmente con respecto a 2008 y el dominio territorial del partido de Mariano Rajoy sería extenso y casi sin excepciones. Dado lo que está en juego, se comprende que los dos partidos mayoritarios hayan puesto sus mayores energías en la campaña en tierra andaluza. No es casual que el candidato Rubalcaba vaya a visitar en estas dos semanas las ocho provincias andaluzas y que el candidato Rajoy también viaje a tres de ellas, después de haber convertido a Andalucía y Cataluña en las dos comunidades donde más presencia ha tenido en los últimos meses. Hay, lógicamente, otra razón añadida para el especial protagonismo andaluz en la campaña: dentro de unos meses, en marzo, se celebrarán las elecciones autonómicas, esta vez por separado de las generales por decisión personal, y legítima, del actual presidente, José Antonio Griñán, que piensa que sus posibilidades de permanencia al frente de la Junta subirán durante el periodo en que coincidirá su gobierno en Andalucía y el previsible de Mariano Rajoy en España. La comunidad autónoma andaluza vuelve, de este modo, a ser la clave del escenario político nacional, como ocurriera en los albores de la democracia y la construcción del Estado de las Autonomías. Los andaluces deben ser conscientes de la importancia de su voto, acorde con la trascendencia que una vez más adquiere Andalucía en España.

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