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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Antonio Burgos

Aun teniendo tantos, el mérito mayor de Antonio Burgos es haber cogido el testigo de Romero Murube

Joaquín Romero Murube falleció tres años después que Antonio Burgos entrara en Abc. Ocho años más tarde Manuel Ferrand, Joaquín Caro Romero y él cogieron el relevo del Sevilla al día que durante muchos años había escrito Francisco Otero bajo el seudónimo de Quintaval. Al poco Burgos asumió en solitario la gustosa esclavitud del artículo diario y el Sevilla al día se fue convirtiendo poco a poco en "el recuadro de Burgos". Con ello quedó tendido un puente que unió las dos orillas del artículo de tema sevillano que sin Burgos habría desaparecido tras la muerte de Romero Murube. Tengo para mí que, aun teniendo tantos, este es su mérito mayor. Joaquín empezó a escribir cuando Sevilla se reinventaba en los años de la Exposición del 29. Antonio empezó a hacerlo cuando era destruida, mientras Joaquín apuraba sus últimos años de vida autorretratándose como un cesante de la belleza devastado por el espectáculo de la destrucción de la ciudad ante la indiferencia de los sevillanos.

Habrá quien piense que el mérito de haber mantenido vivo un género periodístico solo nuestro, situado a medio camino entre el artículo, el ensayo y la prosa poética, supone algo negativo, cosa del ombliguismo sevillano (tópico falso donde los haya: no hay ciudad que se haya tratado peor a sí misma ni ciudadanos más indiferentes ante su destrucción). En uno de los textos fundacionales del ensayismo sevillano (que, por cierto, tiene sus más ilustres y remotos precedentes en la nostalgia sevillana desde los exilios inglés y madrileño de Blanco White y Bécquer) ya se preguntaba Chaves Nogales si "estas inquietudes sevillanistas no sean sino una aberración", y al poco escribía que Sevilla estaba necesitada de silencios y sobrada de palabras. Tal vez sea cierto. Pero palabras son lo único que nos queda para habitar la ciudad como algo más que un contenedor y para transmitir a nuestros hijos y nietos qué fue eso a lo que algunos llamamos Sevilla. Palabras que en el alfa del articulismo sevillano fueron de Galerín, de Izquierdo, de Cansinos Assens, de Romero Murube, de Juan Sierra, de Chaves Nogales… Y que en su omega han ido y felizmente son de Antonio Burgos. El periodista a quien Rafael Motensinos, de cuyo nacimiento se cumple el centenario, dedicó, quizás no casualmente, aquella extraordinaria poesía que termina: "Hoy, la memoria escoge/ el camino más corto para herirme".

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