El arrollador triunfo del PP en Madrid producirá, según muchos cronistas, una convulsión política en toda España. No digo que no, aunque en esa comunidad se den circunstancias difícilmente trasladables a otras realidades. La derecha se ha reforzado anímica y políticamente tras el fiasco de las catalanas; aunque no se me ocurre cuanto más podrá elevar el tono belicoso y gritón de su oposición. Ya vieron en la pandemia una oportunidad para hacer caer al gobierno, pero, mal que bien, éste resiste. La derrota en Madrid es un duro golpe, aunque no suficiente para desestabilizar a Sánchez. Los problemas le pueden desde dentro, en función de cómo somatice Podemos lo ocurrido y resuelva la marcha de su líder. Para mi lo más llamativo ha sido el uso y abuso que se ha hecho en estas elecciones de la palabra libertad. Ver a los seguidores del PP invocándola en la celebración de la victoria, me ha hecho recordar algo que, en su exilio americano, dijo Thomas Mann en una conferencia: "Déjenme decirles la verdad: si alguna vez el fascismo llega a EEUU, lo hará en nombre de la libertad". L a reflexión de Mann, que fue un intelectual antifascista y defensor de la República de Weimar, resulta oportuna, aunque esto no sea Estados Unidos, y muy en consonancia con la maldita campaña. Al oír los gritos de celebración de los populares me pregunté ¿cuánta gente cree que en nuestro país no hay libertades ni democracia? Me temo que cada vez sean más: por una parte, los independentistas y parte de la izquierda creen que nuestro sistema constitucional es una continuidad de la dictadura franquista y, por otra, la derecha parece convencida de padecer una tiranía que le ha arrebatado sus libertades y que vive como en los países del telón de acero. Para el señor Casado el triunfo de Díaz Ayuso es comparable a la caída del Muro de Berlín, de lo que se deduce que, para el líder del primer partido de la oposición, España es como RDA. Que en todos los índices internacionales sobre calidad democrática sitúen a nuestro país entre las mejores democracias del mundo, no convence ni a Puigdemont, ni a Casado, ni a Iglesias, ni a Ayuso, Ni a Otegui, ni Abascal, etc. etc. Al parecer, cada vez somos menos los que creemos en nuestra democracia y en nuestro Estado de Derecho. Habría que pedir, a quienes las manosean, que aparten sus sucias manos de nuestras libertades, que tanto costaron a tantos españoles.

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