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Mauri es uno más en ese equipo que estos días deja lo mejor de su ser en salvar el del pequeño Julen

Nos enteramos a mediados de la semana pasada. Cuando nos dijo que no podría estar el domingo con su equipo de rugby, colaborando como voluntario en el Trail que organizó el Ayuntamiento del Rincón. Comentó que llevaba dos noches sin dormir e inmediatamente bromeamos con la pregunta de si era por un exceso de trabajo o porque se le habían juntado dos juergas. Pero no nos sorprendió nada cuando nos explicó que era uno de los ingenieros que colaboran en el recate de Julen. Como otros siete compañeros, se presentó voluntario para ayudar en lo que pudiera en cuanto se enteró de la tragedia. Cada uno versado en su campo, nadie se había enfrentado antes a una situación como esta. El problema no eran la vigilia acumulada, sino que, aunque no lo dijo, sospechaba que aun habría más noches en vela. Mauri es una de esas personas que revolotean a nuestro alrededor y a la que siempre le falta el mismo tiempo que siempre encuentran para hacer un favor a un amigo. Un animalito de cien kilos de humanidad capaz de empotrarse una vez tras otra y sin inmutarse contra la delantera del equipo contrario pese a tener la nariz fisurada. Pero incapaz de contener las lagrimas ante la presencia de los padres del crío. Capaz de levantarse tantas veces como toque. Como todos ellos lo han hecho estos días. Dos horas de descanso, ducha y vuelta a la carga. Ángel, el coordinador de los trabajos, lo resumió perfectamente: "Si su hijo estuviese ahí ¿iría a por él?; pues nosotros vamos a por él". El parte de guerra del sábado por WhatsApp fue sencillo: "estoy sin voz y con los pies como dos San Jacobos". A la pregunta de qué necesitaban, la respuesta fue parca: "¡suerte!". La pizca que al final siempre necesitan los héroes para lograr hazañas. Para recuperar a esa criatura que hace una semana se precipitó al infierno por un pozo de veinte centímetros arrastrándonos a todos con él. Mauri es uno más en ese equipo que estos días deja lo mejor de su ser en salvar el del pequeño Julen. Que han abandonado lo que se traían entre manos para torcer las del destino. La única diferencia con el resto es que lo conozco, y por él puedo intuir la tensión que todos deben vivir. Esas trescientas personas a las que se ha sumado el trabajo de empresas de diversos puntos de España para montar un operativo sobre el que no había antecedentes. Para desinteresadamente reafirmar nuestra fe en el ser humano.

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