Acolación del Día de Andalucía, y retumbando todavía en los oídos un himno cantado como solo lo podría cantar Raphael, el alcalde de Málaga ha llamado a reflexionar sobre la comunidad en un año marcado por la pandemia. Reconozco que la idea me seduce cuando comienzo a escribir en esta columna, aunque confieso que la escala autonómica me queda grande y me obliga a centrarme en el ámbito local.

El 28-F, Málaga ha alcanzado los 1.398 muertos a consecuencia de la COVID. Cifra que todavía aumentará, por mucho que intentemos evitar la llegada de una nueva ola conforme a los deseos del regidor. Deseos que chocarán contra el rompeolas de una economía fundamentada en un turismo y hostelería que mal resisten en la UCI desde hace un año, arrastrando al resto de los sectores de la economía local. El alcalde lo sabe y ha hecho una llamada a mejorar la educación, que es condición necesaria, pero no suficiente, para tener una economía más próspera, ya que la ausencia del resto de condiciones que demanda su desarrollo puede convertirnos en meros exportadores de titulados. De la misma forma, la presencia de nuevas universidades privadas tampoco significa la mejora generalizada de la formación de la juventud local. A la espera de cuál es la calidad real de las instituciones que puedan instalarse, la oferta académica de unos centros con clara vocación de negocio está restringida a quienes pueden pagarla. Ampliando la oferta a estudiantes provenientes de otras latitudes, la iniciativa puede terminar convirtiéndose en un nuevo modelo de "turismo" académico similar a la oferta de estudios de español que ya sitúa a Málaga entre los destinos preferidos para su aprendizaje.

El domingo no tocaba hablar de la propuesta de una exposición en 2027, pero la invitación obliga a reflexionar sobre ella. Una exposición supone la oportunidad de transformar la ciudad que la alberga. El reto no es la exposición en sí misma, sino la ciudad que quedará y que sería difícil desarrollar sin esta excusa. Con un proyecto que pretende ser innovador y con una llamada a la educación como forma de superar nuestras diferencias con otros territorios, aprovechar el que podría ser el gran desarrollo urbanístico de la década para ampliar el centro de transportes y mercancías, y hacer viviendas de protección oficial, se antoja una operación de poco valor añadido. Aunque su situación geográfica sea lo que pida.

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