La campaña electoral madrileña demuestra hasta qué punto Unidas Podemos y Vox han convertido la vida política en el lodazal que a ambos conviene: crispación, insultos, apedreamientos de asistentes a un mitin, jerga guerracivilista pródiga en alusiones al comunismo, el franquismo, el fascismo o el nazismo y, para culminar, envío de sobres con balas y amenazas de muerte a Iglesias, Marlaska y la directora de la Guardia Civil. Seguido del numerito de la Ser, que yo recuerde la primera vez que tres de los asistentes a un debate lo abandonan en directo. Todo sobre el tapiz de fondo de la violencia urbana desatada en Madrid y sobre todo en Barcelona en meses anteriores. Hay que decir, por ser justos, que en esto de justificar la violencia callejera Unidas Podemos va más lejos que Vox. Dos ejemplos: cuando se producían estos hechos, Echenique tuiteó: "Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles"; tras el apedreamiento de los asistentes al mitin de Vox, Iglesias tuiteó: "Hoy los ultras de Vox han ido a provocar violencia a Vallecas. Frente a su odio, su violencia y sus provocaciones: democracia, justicia social y derechos humanos". Por lo visto ser apedreado es una muestra de violencia y odio.

Urge por ello que se aclare quién envió los sobres con las balas y las amenazas de muerte para no añadir más basura al estercolero político que ahora es España, sumida en algo mucho más grave que la corrupción de los partidos (y mira que hemos conocido episodios tremendos desde el PSOE al PP pasando por CiU): las estrategias de tensión y enfrentamiento de los populistas de extrema derecha y extrema izquierda.

La deriva del PSOE no ayuda. En un lento proceso de degradación como izquierda socialdemócrata, iniciado por Zapatero y culminado por Sánchez, se ha dejado contaminar por la extrema izquierda populista hasta el punto de convertir a Unidas Podemos en su socio de Gobierno y ahora echarse en sus brazos -"Pablo, tenemos 12 días para ganar las elecciones"- en la batalla por Madrid. Prueba de esta degradación, rebasando lo concebible en una democracia, es la utilización del BOE, salpicando al Rey, al meter en el preámbulo de una ley orgánica una andanada contra el PP, acusándolo de iniciar "un proceso constante y sistemático de desmantelamiento de las libertades". ¿Somos una democracia europea o una república bananera?

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