Mar de fondo

Buenos, malos y viceversa

La política tiene problemas muy graves y la solución no puede venir de una postura extremista

Conforme crece, el populismo es cada vez más indefinible. Abarca a gente como Tsipras, con 2 millones de votantes, Trump, con 62 millones, los promotores del Brexit, con 17 millones, Le Pen, con 10,6 millones, Iglesias, con 3,2 millones, Mélenchon, con 7 millones, Beppe Grillo, con 8,6 millones o Farage, con 3,8 millones de votos. Cuesta ya buscarles un punto en común, más allá de ser los súper villanos de la política, pero quizá lo que mejor los caracterice a todos sea la ausencia total de dudas o resquicios en su visión del mundo, su marcada y hermética división entre buenos y malos. El problema es que eso, paradójicamente, también caracteriza fielmente a su contrario, el anti-populismo. Ambos adolecen completamente de toda duda y ambos comparten esa pronunciada diferenciación entre héroes y villanos, solo que con los papeles completamente invertidos. Populistas y anti-populistas conforman una perfecta imagen reflejada, se acusan de lo mismo y se postulan de lo mismo. Ambos son el gran peligro de la democracia, para el otro, y ambos sus verdaderos y únicos defensores, para sí mismos.

Y ese relato excluyente de populistas contra anti-populistas se ha terminado extendiendo a toda la sociedad. Estás con ellos o contra ellos, completamente y sin fisuras. Y así 114 millones de personas son acusadas de votar opciones disparatadas y poner en peligro a todos, sin aceptar que 114 millones de personas no pueden haber perdido el juicio, y que debe haber algún otro problema con la política, que urge resolver. Y quizá eso sea lo más peliagudo del asunto, los problemas de la política solo se pueden solucionar desde la política, pero lo que tenemos ahora no es más que un duelo fratricida entre dos bandos igualmente fanatizados, sin concesiones, ni lugar alguno para la duda.

Y donde no hay duda no hay reflexión, ni puede haberla. La política tiene problemas muy graves, en eso tienen razón los populistas, y la solución no puede venir de una postura extremista, en eso tienen razón los anti-populistas. Pero mientras ambas partes se excluyan de esta forma, no habrá ninguna posibilidad de construir una salida, porque cualquier remedio necesariamente tiene que participar de ambos, o tan solo servirá para agravar cada vez más los problemas, que empiezan a ser demasiados. 114 millones, y subiendo.

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