CHAVES se fue de la Junta de Andalucía sin ver logrado, ni avanzado siquiera, su designio de una gran caja de ahorros andaluza, que tantos quebraderos de cabeza le dio durante años. Su sucesor, Griñán, lo ha tenido que abandonar tan sólo unos meses después de haberlo retomado. Otro sueño embarrancado.

El 24 de junio pasado Griñán alcanzó un acuerdo con PP, IU y PA para impulsar la caja andaluza. Su idea era acelerar la fusión de Unicaja y Cajasol e incorporar posteriormente a Cajagranada. El martes 2 de noviembre la consejera de Presidencia, Mar Moreno, daba por muerto el pretendido liderazgo de la Junta en el proceso fusionista y dejaba la iniciativa en manos de los órganos de gobierno de las entidades. En las circunstancias actuales eso equivale a tirar la toalla. Fin del viaje.

Entre una y otra fecha se han sucedido los fracasos. La primera defección fue la de Cajagranada, que pronto ratificó su tradicional absentismo en materia de fusiones andaluzas y se integró en el Sistema de Protección Institucional (SIP, la llamada fusión fría) con tres cajas foráneas. El intento de que el Banco de España adjudicase la intervenida Cajasur a Unicaja también acabó en fiasco, quedando la entidad cordobesa en poder de la vasca BBK. Nuevo revés para el control andaluz del ahorro generado por los andaluces.

¿Qué quedaba? Pues la posibilidad de integrar las dos principales cajas de ahorro: Unicaja y Cajasol. Una está residenciada en Málaga y la otra tiene su sede central en Sevilla. Málaga y Sevilla, con sólo escribirlo ya se entiende la dificultad que entrañaba esta última tentativa. Pero las dificultades resultan ser muchas más, y algunas son de carácter objetivo, como la diferencia de tamaño entre ambas, el solapamiento de oficinas, la necesidad de eliminar alrededor de dos mil empleos y la falta de homologación salarial (y a favor de la caja menor, encima). Si a todo ello se suma la falta de sintonía entre sus dos presidentes -cada uno de ellos se plantea la hipotética fusión con criterios y ambiciones no compartidos-, el resultado es que unir a Cajasol y Unicaja en una gran caja andaluza, competitiva en el ranking nacional, es hoy por hoy una quimera. Altamente improbable, pues.

De modo que los informes de viabilidad de la fusión encargados por las dos cajas a sendas consultoras, por inducción del poder político, más parecen una forma de perder el tiempo -o de ganarlo, según se mire- que otra cosa. El martes 2 de noviembre Mar Moreno, dejando la iniciativa de la fusión a los responsables de Cajasol y Unicaja, pronunció, en realidad, el responso por el sueño difunto de la gran caja andaluza. Ni lo consiguió Chaves en años ni lo ha conseguido Griñán en meses. A otra cosa, mariposa.

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