El zoco

juan lópez cohard

Carajicomedia

Mientras el prestigio de Fernando Simón va de capa caída, el epidemiólogo está demostrando ser un surfista de élite navegando sin tabla sobre las olas de la pandemia. No se puede entender que el Gobierno, después de que no haya acertado ni una y de que los contagios y muertes alcancen cifras acordes con el terror de una noche de Halloween, no lo haya enviado a contar chistes de enfermeras al Club de la Comedia Triste. De bufón está alcanzando el mismo nivel que de surfista.

Mientras, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, acompañado de Simón, observa como España se va enredando en un galimatías de normas, unas veces contradictorias, otras absurdas, algunas propias de imbéciles y las más tomadas sin fundamentos médicos-sanitarios. El país se arruina con medidas extraordinarias confiadas a que suene la flauta por casualidad. Un país en el que cunde la desesperación, el cansancio y la rabia por la impotencia, lo que está dando lugar a que, con mayor frecuencia, aparezcan grupos facinerosos que descargan su frustración con actos violentos.

Mientras todo esto ocurre, en nuestro templo de la Soberanía Nacional, que más se parece a un pequeño zoo guardado por dos leones incapaces de comerse a la fauna que encierra, los señores diputados se dedican a parodiar, de forma burlesca, a un Poder Legislativo. Sus debates, en los que frecuentemente se pone de manifiesto un importante nivel de estulticia, utilizan un lenguaje hosco, cargado de odios, falaz, obsceno y pornográfico, carente a todas luces del más mínimo destello de inteligencia y humor. Debates para hacer leyes que, lejos de ir encaminadas al progreso y bienestar del pueblo, van dirigidos a imponer determinadas ideologías políticas valiéndose de tergiversaciones de la historia, del idioma, la cultura y las tradiciones.

Y, mientras estamos acojonados con el coronavirus, asistimos perplejos al encuentro dialectico-verdulero de la señora de Iglesias, Irene Montero, con la señora del Kichi, Teresa Rodríguez, en el que muestran su nivel intelectual y su gran aportación al movimiento feminista. De la tal dialéctica solo he sacado la conclusión de que en estos tiempos en los que, en España, las parejas en edad reproductora tienen todas las dificultades del mundo y ni se plantean tener hijos, estas dos, no hacen más que parir. ¡Lo que da de sí económicamente la política!

Pero no nos preocupemos que todo pasa y todo llega porque lo nuestro es pasar y, pasar lo que se dice pasar, el que pasa de todo es Pedro Sánchez. Ese señor que es presidente del Gobierno y que está permanentemente encantado de haberse conocido. Chulo como un ocho. Si el de Cádiz es "el Kichi", este de Madrid es "el Pichi". O sea, el chulo que castiga, del Congreso a la Zarzuela, porque no hay a quién no mienta, para que le salga la cuenta y seguir en su sillón.

Si el Parlamento nos representa a todos los españoles y en él reside la Soberanía Nacional, el señor Sánchez, el día que dejó al ministro de Sanidad sacar adelante el estado de Alarma por seis meses, con la chulería que le caracteriza, nos hizo un supino y escaleno corte de mangas y se largó sin escuchar a nadie.

Esto, querido lector, puesto en versos dodecasílabos, se llama Carajicomedia

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