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Las expectativas en torno a la próxima evolución de Carretería no son pocas, pero los motivos no lo son menos: la actuación municipal, que tendrá que estar lista en 2023 en virtud de la exigencia continental dados los fondos europeos comprometidos, determinará en qué medida el entorno se convierte en una mera prolongación del modelo urbanístico del centro, con sus aciertos y fallos, o en un caso aparte. Lo cierto es que hay suficiente margen para alumbrar una lógica urbanística propia, dada en parte la transformación que Carretería ha experimentado en los últimos años a cuenta de sus usos sociales: la versión más incendiaria del turismo, la de usar y tirar, la del si te he visto no me acuerdo, campa aquí a sus anchas con sus apartamentos, sus locales de consignas para equipajes y sus negocios de la hostelería más in; pero lo hace en convivencia, todavía, con, por una parte, una representación marginal de la Málaga más genuina, o al menos (por lo menos) una ensoñación de la misma, la que se arremolina en el perímetro de la Plaza de San Pedro de Alcántara y respira en establecimientos tan emblemáticos e imprescindibles como la Librería Proteo; y, por otra, cierta manifestación de índole cultural y artesana, alternativa y amable, que trasluce especialmente en esa suerte de Soho espontáneo articulado a lo largo de Andrés Pérez, con núcleos de acción como La Invisible y La Brecha (tan por aprovechar aún y tan lamentablemente soslayada, a pesar del potencial que encierra la encantadora plaza Eugenio Chicano). Hablar de Carretería es, por tanto, hablar de muchas cosas (y pronto habrá que remontarse a lo que den de sí el hotel de Moneo y sus lindes respecto a la influencia ejercida en Carretería, que será inevitable) y lo razonable sería encontrar la manera de articularlo todo, de aprovechar los modos de relación con lo urbano que ofrece cada uno de estos entornos para crear un crisol único del que Málaga podría verse muy beneficiada. No se trata únicamente, o no debería, de una peatonalización más o menos esmerada, sino de prolongar (y corregir) lo que Carretería ya es para alumbrar un eje singular.

En clave práctica, resulta razonable considerar que la plataforma única es la mejor opción para lograrlo. Al mismo tiempo, sin embargo, cabe entender las reticencias de algunos vecinos por el mal uso que previsiblemente harán algunos de la superficie; pero Málaga no puede permitirse el lujo de renunciar a proyectos urbanísticos de envergadura y calado a cuenta de la certeza de que habrá quien aproveche la plataforma única para dejar el coche donde y cuando le dé la gana y quien se tome la nueva Carretería como una pista exclusiva para patinetes. Corresponde al Ayuntamiento garantizar no sólo la norma, también su cumplimiento; evitar que las operaciones de carga y descarga repliquen el infierno de Tejón y Rodríguez y Comedias (por no hablar del entorno de la Catedral), proteger el derecho del peatón a no ser agredido e incentivar la movilidad más limpia, eficaz y respetuosa. Sin salir del centro, Carretería brinda la posibilidad de actuar después de haber aprendido de los errores. Lo contrario será el desastre.

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