Las dos orillas

Cayetana fue un error

Primer paso para adaptarse a lo que viene. El centroderecha nunca ha ganado por motivos ideológicos, sino prácticos

Para que el centroderecha gane unas elecciones generales en España debe perderlas el PSOE. Esto se sabe desde Felipe González; es decir, desde que triunfó en 1982. Entonces se acabó la UCD. A partir de ahí, el centroderecha se derechizó y se quedó a opositar con Manuel Fraga, que sólo podía ganar en Galicia. Hasta que llegó José María Aznar, que se presentó como el centro para el cambio de milenio, antes de la foto con Bush, que era republicano (de los republicanos americanos, que son muy de derechas) y con Blair, que era laborista (y parecía un felipista inglés). Después llegó Zapatero, por culpa de Aznar; después Rajoy, por culpa de Zapatero; después Pedro Sánchez, por culpa de Rajoy; después…

En el agosto profundo, con la gente contagiándose alegremente, con Pedro Sánchez de vacaciones, con el Rey verdadero en las Baleares y con el Rey anterior en los Emiratos Árabes, era el momento ideal para que el PP se cargara a Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria. Primer paso para adaptarse a lo que viene, con una alternativa más creíble. Se parte de lo evidente: el centroderecha nunca ha ganado en España por motivos ideológicos, sino prácticos. Para ello es imprescindible que un porcentaje alto de votantes de centro (incluidos socialdemócratas tibios) asuman la necesidad del cambio. Y es imposible si el PP se dedica a imitar a Vox, o a escuchar las voces de las cavernas.

Cayetana fue un error. Cayetana se ha caricaturizado a sí misma. Se la ve como una marquesa pija, que no se toma un café con Carmen Calvo y pide un Gobierno de concentración con el PSOE. O que eleva el nivel de la batalla cultural, llamando "hijo de terrorista" a Pablo Iglesias. Sería anecdótico. Pero antes de eso, en las elecciones, Cayetana se cargó al PP en Cataluña. Ella no fue la única responsable, pero lo remató. Para que el PSOE gobierne en la Moncloa, uno de los requisitos es que el PP se hunda en Cataluña, a diferencia de lo que ocurrió cuando el cambio con Aznar y Rajoy. Cayetana nunca ganaría en Badalona, que es muy bonito, según Serrat,

Pablo Casado ha puesto las barbas a remojar. Ha dado autoridad a Cuca Gamarra (una sorayista riojana), a Martínez Almeida (el político más presentable que ha dado el PP madrileño en la última década) y visibilidad a Ana Pastor (la discípula de Rajoy). Es decir, Pablo Casado está haciendo lo contrario de lo que intentó. Con una gestión tan nefasta como la de Pedro Sánchez, es increíble que el PP no esté arrasando ya en las encuestas.

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