Desde el fénix

José Ramón Del Río

Centrípeto y centrífugo

DESPUÉS de cuatro años de la aprobación del Estatut, el Tribunal Constitucional ha dictado sentencia en el recurso de inconstitucionalidad, formulado por el PP. La sentencia, anula íntegramente 14 artículos por inconstitucionales y otros 27 preceptos tienen aviso de inconstitucionalidad, dependiendo de su desarrollo reglamentario.

Otras plumas han comentado y comentarán las razones que se han tenido para estimar el recurso respecto de esos 41 artículos y, para desestimarlo, respecto de los 84 artículos que también habían sido impugnados. De lo que yo quiero escribir es de las reacciones políticas, de contento y descontento, que la sentencia ha suscitado. Lo primero sería decir que el presidente del Gobierno afirmó, en su día, que el estatuto sería aprobado tal y como viniera del parlamento catalán y vino con la declaración de que Cataluña es una nación y que el uso del catalán sería preferente al español en su territorio. Ahora, después de la sentencia, no sabe uno a qué carta quedarse: en el PP se dice acatar la sentencia y que cumplieron con su obligación. Donde cunde la satisfacción es en el PSOE. Así, la vicepresidenta De la Vega estima que la decisión del tribunal es una derrota en toda regla del PP; Rubalcaba hace cuentas y dice que al PP sólo se le ha dado la razón en un ínfimo tanto por ciento y al ministro de Justicia le oigo hablar en la radio del rotundo triunfo de las tesis socialistas y se sale, como puede, cuando su entrevistador le recuerda lo que en su día dijo Zapatero, y sobre todo, la postura que ha adoptado, a la vista de la sentencia, su compañero de partido, el presidente Montilla, indignado con la sentencia y reclamando que se "rehaga el pacto político entre España y Cataluña", del que yo, y supongo que usted, no teníamos noticia.

Siempre se ha dicho que la victoria tiene muchos padres, mientras que la derrota es huérfana. En este caso, se sienten padres de la derrota el president Montilla y CiU. Este partido, que tiene fama de adoptar posturas sensatas, recuerda que ya tenía declarado que sólo aceptaría una sentencia que dejase intacto el Estatuto que vino aprobado de Cataluña, por el voto afirmativo de más del 80%, aunque -añado yo- sólo acudieron a votarlo el 36% de los que podían hacerlo, de forma que quien ganó fue la abstención. Frente al efecto centrífugo de este Estatuto, que define a Cataluña como nación en su Exposición de Motivos, como si éstas no tuvieren eficacia jurídica, cuando la tienen porque aclaran la voluntad del legislador, gracias a la selección nacional de fútbol se ha producido el efecto centrípeto de colorear a España de rojo y amarillo.

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