El Cid

El nuevo argumento no es menos singular: lo que se pretende es un "cambio de régimen"

Afalta de horas para que el Gobierno indulte a los presos del procés, es del todo imposible sustraerse a la reflexión sobre uno de los argumentos más peregrinos que háyanse escuchado estos días: la invocación de Casado a dejar el tema en manos de los políticos, después de que sus dos aliados naturales, iglesia y patronal, hayan declarado cierta comprensión por la vía que pudiesen abrir.

La petición del líder popular, una vez que ambas organizaciones no hacen otra cosa que hablar, debe entenderse como una solicitud a que guarden sus opiniones en sus talegas. Lo que solo puede responder a dos razones. La primera, que no considere el asunto cosa de su incumbencia. Argumento que extraña tras haber llamado a una manifestación en contra de los mismos a todos los españoles y haber dedicado las últimas semanas a recoger firmas en su contra entre la misma ciudadanía. Ergo, no es que no sea asunto de estos, sino que lo es de todos nosotros, con independencia de credo. La segunda: que los políticos saben cosas que el resto de la plebe ignora, por lo que debemos dejarles hacer. Pero, siguiendo ese argumento, tan político como es él, lo es Sánchez, y si es en Cortes donde deben decidirse esas cosas, hace unos días, fue allí donde se rechazó la moción de su partido que pedía que se denegaran. Luego, llegados a este punto, la afirmación del aspirante al trono solo significa una cosa cierta: que hay que dejar los indultos a los políticos que piensen como él. Y desvelado la estratagema, el nuevo argumento no es menos singular: lo que se pretende es un "cambio de régimen". Que dicho así suena muy grave, aunque no explique en qué consiste. Salvo en continuar gobernando, que es precisamente a lo que él legítimamente aspira.

La utilidad del indulto a los presos del procés está por ver, pero la estrategia seguida hasta ahora tampoco parece que tenga más recorrido. Recurriendo al tratado político-filosófico que es Hollywood, Pablo podría tomar ejemplo en el Cid de Charlton Heston cuando perdona la vida al emir de Zaragoza: llevamos colgándolos muchos años y no ha servido de nada. O cuando pide al futuro rey que perdone al conde que le ha tendido una celada, argumentando que "cualquier hombre puede matar, pero solo de un Rey es perdonar". Si Puigdemont no los ve con buenos ojos, puede que no sean mala estrategia. Claro que también puede pensar que es una maquiavélica jugada del conde de Waterloo.

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